miércoles, 5 de marzo de 2014

9 DE MARZO: PRIMER DOMINGO DE CUARESMA A.




9 DE MARZO

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

1ª Lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7

Creación y pecado de los primeros padres.

Salmo 50: Misericordia, Señor, hemos pecado.

2ª Lectura: Romanos 5,12-19

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia.

PALABRA DEL DÍA

Mateo 4,1-11

“Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Pero él le contestó, diciendo: “Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a sus ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”. Jesús le dijo: “También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”. Después, el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Entonces le dijo Jesús: “Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.

Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.


Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,

diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".
Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo”.

REFLEXIÓN
            En este primer domingo nos adentramos en el camino que nos llevará a la Pascua. Es un camino íntimamente ligado con nuestro compromiso bautismal. Los catecúmenos se preparan en este tiempo para acercarse a las fuentes bautismales. Los cristianos acompañamos a Jesús al desierto, lugar de ayuno y tentación, para fortalecernos y renovar, la Noche de Pascua, las promesas de nuestro bautismo. Debemos tomar nuevo aliento, convertirnos, tenemos que volver al lado de Dios. Podemos decir que hoy, en este domingo, iniciamos el camino cuaresmal hacia la renovación de nuestra fe bautismal, con el deseo de la santa Pascua.

            La primera lectura, el relato de la creación al que volveremos en el inicio de la Vigilia Pascual, nos hace notar que la vida del hombre y de la mujer viene de Dios. Es Dios el protagonista de este relato, y el ser humano está llamado a compartir este protagonismo. El ser humano, sin embargo, por el pecado se encierra en sí mismo y olvida a Dios, no le deja espacio. La creación sufre las consecuencias. Sólo la obediencia de Cristo retornará el equilibrio roto y la criatura se podrá dirigir al creador como Padre.

            El salmo 50 que cantaremos nos acompañará durante todo este tiempo cuaresmal. La experiencia de pecado del salmista se convierte entonces en experiencia profunda de la misericordia de Dios. El pecado está presente en todas las generaciones, pero el amor del Señor, que dura por siempre, nos lleva de nuevo a abrir los labios y proclamar la alabanza del Dios que salva.

            La segunda lectura nos ha presentado un fragmento de la carta de Pablo a los cristianos de Roma. Pablo, con una exposición de gran contenido teológico hace ver la relación entre el don de la gracia y la pena del pecado. Para Pablo, el don no tiene comparación con la caída. Adán, en quien todos hemos caído, tiene como contrapeso al Cristo a quien estamos unidos indisolublemente por el bautismo. Con Adán nos une el pecado connatural a nuestra condición humana. Con Cristo, por el bautismo, compartiremos su muerte y resurrección.

            El evangelio de Mateo nos sitúa hoy en la escena de las tentaciones de Jesús en el desierto. Jesús cumple un ayuno de cuarenta días después de recibir el bautismo en el Jordán y después de la manifestación de su filiación divina, justo antes de empezar su predicación y misión en Galilea. Cumple los cuarenta días como imagen de los cuarenta días que Moisés estuvo en la montaña rezando a Dios; como imagen de los cuarenta días de camino que realizó Elías por llegar al monte Horeb; como los cuarenta años que el pueblo pasó en el desierto, donde sufrió tentación y las mordeduras de serpientes hasta llegar a la Tierra Prometida. Jesús lleva a cumplimiento estos actos proféticos y sufre las tentaciones del hambre, del afán de poder, y del afán de poseer riqueza. El tentador le propone, como a Adán, que se ponga en lugar de Dios y sacie el hambre y el afán de dominio que caracterizan al hombre y a la mujer de todos los tiempos, utilizando erróneamente el poder y adorando al tentador. Jesús le responde con la Palabra de Dios y declara la primacía  de Dios sobre todas las cosas: “Al Señor, tú Dios, adorarás y a él solo darás culto”.

            Jesús pone en el centro la voluntad de Dios. Allí donde Adán puso su propia voluntad, Jesús, el Hijo, sitúa la voluntad del Padre. Jesús cambia radicalmente la respuesta a la tentación y da una dimensión a la relación entre la criatura y el creador. Jesús pone en el centro la voluntad de Dios, y el tiempo de tentación, de desierto, de dificultad, de desánimo, de soledad, se coinvierte en tiempo de gracia y de evangelio.

            Nosotros, en esta Cuaresma, con la Iglesia, queremos poner, de nuevo, en el centro de nuestra vida la voluntad de Dios. Por el bautismo hemos sido identificados con Cristo. Con él penetramos en el desierto y con él hacemos frente a las muchas formas con las que el tentador intenta dividir nuestro corazón; afanes, ansias, envidias. Con Cristo queremos responder que sólo Dios es el centro de nuestra vida. Ya no somos más del pecado ni de la muerte. El evangelio de Cristo nos lo hace contemplar todo, incluso en los momentos de prueba, como momentos de Pascua. Porque en esta Cuaresma, con la meditación de la Palabra, compartiendo la eucaristía, en el ayuno y en la caridad queremos aprender a contemplar y a esperar con júbilo la Pascua de Cristo que salva a todo ser humano y renueva toda la creación

ENTRA EN TU INTERIOR

TENTADO PERO NO VENCIDO

No le resultó nada fácil a Jesús mantenerse fiel a la misión recibida de su Padre, sin desviarse de su voluntad. Los evangelios recuerdan su lucha interior y las pruebas que tuvo que superar, junto a sus discípulos, a lo largo de su vida. Los maestros de la ley lo acosaban con preguntas capciosas para someterlo al orden establecido, olvidando al Espíritu que lo impulsaba a curar incluso en sábado. Los fariseos le pedían que dejara de aliviar el sufrimiento de la gente y realizara algo más espectacular, "un signo del cielo", de proporciones cósmicas, con el que Dios lo confirmara ante todos.

Las tentaciones le venían incluso de sus discípulos más queridos. Santiago y Juan le pedían que se olvidara de los últimos, y pensara más en reservarles a ellos los puestos de más honor y poder. Pedro le reprende porque pone en riesgo su vida y puede terminar ejecutado.

            Sufría Jesús y sufrían también sus discípulos. Nada era fácil ni claro. Todos tenían que buscar la voluntad del Padre superando pruebas y tentaciones de diverso género. Pocas horas antes de ser detenido por las fuerzas de seguridad del templo Jesús les dice así: "Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas" (Lucas 22,28).

El episodio conocido como "las tentaciones de Jesús" es un relato en el que se reagrupan y resumen las tentaciones que hubo de superar Jesús a lo largo de toda su vida. Aunque vive movido por el Espíritu recibido en el Jordán, nada le dispensa de sentirse atraído hacia formas falsas de mesianismo.

¿Ha de pensar en su propio interés, o escuchar la voluntad del Padre? ¿Ha de imponer su poder de Mesías, o ponerse al servicio de quienes lo necesitan? ¿Ha de buscar su propia gloria, o manifestar la compasión de Dios hacia los que sufren? ¿Ha de evitar riesgos y eludir la crucifixión, o entregarse a su misión confiando en el Padre?

El relato de las tentaciones de Jesús fue recogido en los evangelios para alertar a sus seguidores. Hemos de ser lúcidos. El Espíritu de Jesús está vivo en su Iglesia, pero los cristianos no estamos libres de falsear una y otra vez nuestra identidad cayendo en múltiples tentaciones.

Identificar hoy las tentaciones de la Iglesia y de la jerarquía, de los cristianos y de sus comunidades; hacernos conscientes de ellas como Jesús; y afrontarlas como lo hizo él, es lo primero para seguirle con fidelidad. Una Iglesia que no es consciente de sus tentaciones, pronto falseará su identidad y su misión. ¿No nos está sucediendo algo de esto? ¿No necesitamos más lucidez y vigilancia para no caer en la infidelidad?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            Si Israel fue infiel en el desierto Jesús muestra su firmeza en seguir la voluntad divina y su proyecto de Salvación. En el evangelio de Mateo es el diablo quien hace el mismo papel que la serpiente del relato del Génesis, que incita al pecado del cual hablaba Pablo en la carta a los romanos. El tentador es astuto y cita la misma Escritura para incitar a Jesús a desviarse de su misión salvadora, presentando el mal en forma de bien.

            El diablo tienta a Jesús incitando a un mesianismo de tipo materialista: “Di que estas piedras se conviertan en panes”, pero Jesús supera la tentación siendo consciente de la necesidad espiritual del ser humano como su hambre y sed de cumplir la voluntad de Dios: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

            La segunda insinuación es la de un mesianismo espectacular, es decir, de seguir las expectativas mesiánicas de su tiempo. Invita a Jesús, además, a seguir un providencialismo literal e irresponsable. Jesús desenmascara las ideas del diablo como una tentación.

            La última tentación es la del mesianismo a través del poder y de la gloria del mundo. Pero Jesús ha venido a ser servidor de todos, no a someter a los demás. No se puede servir a Dios y al poder.

ORACIÓN

            Señor, quisiste someterte a las tentaciones del demonio para enseñarme que las tentaciones no son malas; nada malo hubo en tu vida. Sirven para fortalecer mi unión contigo. ¿Cómo hacer frente al tentador? Tu ejemplo me dice que no debo entablar conversación ni entretenerme con él, como Eva, sino rechazarlo de plano con la sabiduría de la Palabra y la fuerza de la Gracia. Contra las insidias del demonio, yo acepto, la historia, la realidad y el futuro que tú quieres para mí; todo lo has hecho bien.
Expliquemos el Evangelio a los niños
 


PRIMERA SEMANA DE CUARESMA

CAMINA HACIA UN MUNDO NUEVO

Esta primera semana la liturgia nos invita a caminar, a ponernos en camino. ¿Hacia dónde? Hacia un mundo nuevo.

El creyente debe tener alma de nómada. El nómada nunca llega a donde tiene que llegar, porque lo suyo es ser caminante, no tener ningún lugar en propiedad. Todos los lugares son de paso. Ningún lugar es su lugar. Lo esencial está siempre más allá.

Todos los días es tiempo de empezar, de comenzar de nuevo. Cada mañana es tiempo de arrancar de nuevo hacia la meta. El punto donde quedamos al terminar el día no es nunca un punto final. Sólo es punto y seguido. No hemos llegado nunca donde Dios nos espera, aunque estemos siempre con Dios, Dios, como un padre que enseña a andar a su hijo, siempre se pone un poco más allá y nos deja solos para que caminemos hacia él.

Caminar, en clave de fe, significa dejar la tierra donde nos sentimos bien, seguros, esclavos de nuestros antojos y de nuestros planes, sordos para escuchar la voz de Dios.

Caminar tiene sus riesgos: uno se cansa, hay momentos de desierto, se encuentran compañeros de ruta que se hacen insoportables y vienen las peleas y las discusiones… O llega la niebla que no nos deja ver, que te desorienta y te preguntas: ¿Dónde voy? ¿Para qué seguir caminando siempre si no se llega nunca?

Caminar, ¿hacia dónde? Hacia lo esencial: “Sed santos como vuestro Padre celestial es santo”, y, además, “al final de la vida se os va a medir por lo que hicisteis con los hermanos, no por las fatigas que os tomasteis” En palabras de San Juan de la Cruz: “Al amanecer de la vida, se os juzgará en el amor”.

Esta primera semana nos centra en lo esencial, santidad y la vida como servicio a los hermanos. Sin esto no hay vida cristiana.

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