sábado, 19 de mayo de 2012

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA

“No os dejaré huérfanos: os enviaré el Espíritu”. El discurso de despedida de Jesús, que leemos en este tiempo de la Ascensión, se hace oración. Antes de dejar a los suyos, Jesús invoca al Padre por aquellos que ha recibido de su mano.

            Recibirán el Espíritu. La Iglesia va a recibir su constitución: no ya un código de mandamiento, sino una ley interior incesantemente reescrita y puesta al día por el Espíritu. De edad en edad, la Iglesia nacerá del Espíritu y será llamada a reencontrar la fuente de su existencia. Vivirá del Espíritu, abandonándose a la pasión de amar que la abrasa.

            Los discípulos van a recibir el Espíritu. De siglo, la Iglesia será la caja de resonancia de la Buena Nueva sobre el escenario del mundo; prefigurará la unión de todas las cosas en el amor al Padre.

            “¡No os dejaré huérfanos!”. El Espíritu, que hace a la Iglesia, es el don pascual del Señor Jesús. Por tanto, no vamos a celebrar Pentecostés como algo distinto a la Pascua, sino, más bien, como la eclosión de lo que Jesús ha sembrado venciendo a la muerte. Los cincuenta días del tiempo de Pascua no habrán sido demasiados para acoger al Espíritu de Cristo, vivo para siempre.

            En este sentido, somos invitados también a hacer un retiro en el cenáculo esta semana, con María, la madre de Jesús, y los apóstoles, para pedir la efusión del Espíritu. En el curso, a menudo monótono, del tiempo, la celebración litúrgica permite que irrumpan los tiempos de Dios, para que se renueve el gran don pascual. Pedir con insistencia el don del Espíritu durante esta semana que precede a la fiesta de Pentecostés tiene, pues, mucho sentido; repetir incansablemente: “Ven, espíritu Santo”, es profesar en la fe que ciertamente vendrá (nuestra oración no es un grito insensato), pero que su venida depende necesariamente de nuestra petición y de nuestra sumisión a él.

            En el Cenáculo estaba presente María. Discretamente. Está con la Iglesia para siempre, como icono de acogida y de fecundidad. En ella, la Palabra se ha hecho carne por el Espíritu, pues “nada es imposible para Dios”: también en la Iglesia la Palabra se hará carne de los hombres, por la fuerza del Espíritu.

20 DE MAYO: DOMINGO

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

JORNADA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

PALABRA DEL DÍA

Marcos: 16,15-20

1ªLectura: Hechos 1,1-11

Salmo: 46

2ªLectura: efesios 4,1-13

“En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”. Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban”.

REFLEXIÓN
            La Ascensión del Señor, quiere significar: cercanía al Padre, igualdad de poder y de gloria.
            Pero en vez de Ascensión podríamos hablar de comunión. Que Jesucristo suba al Padre quiere decir que se abraza en comunión perfecta con el Padre. El Padre y yo somos uno, decía Jesús. Pero aquí se añade la dimensión humana del Hijo, que vive también en comunión trinitaria.
            En la Ascensión se destaca la glorificación de la naturaleza humana, divinizada de Jesucristo. El Hijo de Dios se despojó del manto divino para asumir la humanidad y vivir entre los hombres.
Y ahora, en la Ascensión, el Hijo del Hombre se adorna con el manto de Dios para vivir eternamente en Él. Lo humano y lo divino se suman, no se contrarrestan. Dios se ha hecho hombre, el hombre se ha hecho Dios.
            La realización plena de este dinamismo se encuentra en Jesucristo. Pero alcanza de una manera u otra a todos los hombres. Dios se hizo hombre. Pero el misterio de la encarnación se prolonga indefinidamente.
            Dios se hizo hombre en el hijo de María, pero se sigue haciendo hombre en los pobres, en los enfermos, en todos los que sufren. Se hace hombre en los hermanos, en todos los que están llamados a ser hermanos.
            Dios se humaniza en el amor humano. En los que se quieren, en los que viven en común, en los que rezan en común, en los que tienen entrañas de misericordia.
            Dios se humaniza en los que creen en Jesús y guardan su palabra, en los que se dejan guiar por el Espíritu, en los que transforman sus vidas viviendo en Jesucristo.
            Y el hombre se hace Dios. Hay una semilla divina en todo ser humano, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Esta semilla debe desarrollarse en plenitud.
            Es camino es salir de sí, no vivir para sí, sino en relación solidaria, en comunión.
            Jesús sube al cielo.
            El cielo no es un lugar, sino una manera de estar, otra manera de ser. El cielo está donde se vive y cuando se vive en amor. El cielo es experimentar la presencia de Dios.
            Hay fuerzas que nos ayudan a llegar al cielo:
· El deseo, hijo del amor y de la esperanza.

· La oración, que es diálogo y encuentro, que es apertura a Dios.

· El servicio desinteresado y alegre, que es un camino directo hacia Dios.

· La pobreza, para aligerar el equipaje.

· El esfuerzo, para poder llegar a la cima.

· La fortaleza, para superar los caminos y los momentos oscuros.
· La misericordia, para aprender a sentir como Dios.
Todo se resume en el amor como nos recuerda la oración litúrgica: “Tú que por el camino del amor descendiste hasta nosotros, haz que nosotros por el mismo camino ascendamos hasta ti”
Alguien dijo que uno no está donde está sino donde ama, donde tiene su corazón. Así de sencillo, pero así de verdad y así de gratificante.
Uno está más donde anhela, donde piensa, donde sufre, donde suspira, donde quiere, donde ama.
Y esto que es verdad ahora, es más verdad cuando se vive más en el Espíritu. Porque el Espíritu, que es amor, está donde ama y donde le aman.
Salimos ganando con la Ascensión del Señor:

· Porque nos garantiza su presencia: “ánimo, no temáis…”

· Porque está más dentro de nosotros, en mayor intimidad.

· Porque puede estar con todos nosotros, sin limitación de espacio.

· Porque puede estar siempre con nosotros, sin limitación de tiempo.

· Porque está con nosotros en su Espíritu, la presencia más lograda y más rica. Es una presencia divina que acompaña y transforma. Es como si el mismo Cristo viviera en nosotros, hasta convertirnos en otros Cristos. Presencia dinámica y transformadora.

· Porque está con nosotros en su Palabra, presencia que se convierte en luz para el camino.

· Porque está con nosotros en el pan partido y en los sacramentos, presencia real, que acompaña, consuela, fortalece y alimenta.

· Porque está con nosotros en los hermanos, en los que le recuerdan y le aman, en los que comulgan, en los que se unen, en los que se comprometen.

· Porque está con nosotros en los enfermos, en los pobres y en los que sufren, presencia ardiente, llagas dolorosas del cuerpo del Señor Jesús.

Jesús está presente en el hombre. ¿Qué tú no lo ves? Es porque te falta fe y te falta amor. Grita como el ciego de nacimiento: “Señor, que pueda ver, Señor, que pueda verte”.
ENTRA EN TU INTERIOR
            Jesús encontró el modo de mitigar el dolor de la separación. Cierto que la ausencia de amor solo se cura con la presencia, pero es que Jesús, nuestro gran amigo, no es un ausente, él se hace presente de muchas y variadas formas.
            Los que se aman nunca se separan, porque uno está donde ama. Es una presencia, no corporal, sino espiritual, pero real. El amor devora los espacios y los tiempos.
            Cuando Salimos de nosotros mismos y nos ponemos en camino solidario, ahí encontramos a Jesús. Él ha Sacramentalizado a los pobres, y a los pequeños y débiles, a todos los que sufren.
            Donde hay comunidad, donde hay familia, donde hay amistad, allí está Cristo, que convierte los encuentros en sacramento. Cuando nos reunimos en su nombre, cuando nos querremos, cuando nos perdonamos, ahí se hace presente al Señor.
            Cuando oramos, cuando nos abrimos a la presencia de Dios, cuando escuchamos su palabra. Entonces el nos habla al corazón. Su palabra es también como un sacramento, y nos enciende el corazón.
ORA EN TU INTERIOR
            A ti, Cristo, que estás con el Padre y que eres nuestro hermano, te pedimos: Señor Jesús, intercede por nosotros.

· Mira a tu Iglesia, que sea sacramento de tu presencia. Suscita en ella testigos de tu amor.

· Mira al mundo, que se abra a los valores del Reino. Suscita trabajadores de la paz, la justicia y la solidaridad.

· Mira a los más pequeños y a los que más sufren, que sean respetados y ayudados.

· Mira a los niños y jóvenes que reciben los sacramentos de iniciación. Que sean siempre tus amigos y tus testigos.

· Míranos, Jesús, que vivamos cada vez más unidos a ti. Suscita en todos anhelos de tu presencia.
ORACIÓN FINAL
            Escúchanos, Jesús, que lleguemos hasta ti por el camino del amor y de la entrega. Amén.




LUNES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA
21 DE MAY0
· Hechos 19,1-8
“Él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego” Durante su estancia en Éfeso, Pablo se encuentre con algunos discípulos a quienes pregunta si han recibido el Espíritu Santo. Y ellos muestran su extrañeza, han recibido el bautismo de Juan, sí, pero no han oído hablar del acontecimiento de Pentecostés.
¿Quiénes son? Probablemente, discípulos del bautista, como Apolo. Han conocido a Jesús de Nazaret, pero no le han seguido en su Pascua y, como los discípulos de Emaús, están perdidos por el camino, no habiendo percibido el alcance profundo de lo sucedido en Jerusalén. Pablo les abre los ojos. Les anuncia a Jesucristo muerto y resucitado y les da el bautismo cristiano. Quedan iluminados. Es como un nuevo Pentecostés: reciben el Espíritu, hablan en lenguas y profetizan.
· Salmo 67: “Reyes de la tierra, cantad a Dios”.
El salmo 67 es difícilmente clasificable. Está compuesto de antiguos poemas que evocan el poder y la gloria divinos, en los que se arraiga la esperanza de los creyentes.
· Juan 16,29-33
Si queremos definir a ese gran desconocido que es el Espíritu, con una expresión actual y bíblica, vital y única, tendremos que decir: es el don de Cristo resucitado a la Iglesia, que es su cuerpo; es el Espíritu de Jesús mismo en nosotros; en el “nosotros”trinitario y la conciencia eclesial; ese amor que Dios nos tiene, difundido en nuestros corazones; es nuestra nueva dimensión personal y comunitaria de discípulos de Jesús, cristianos, hijos de Dios y hermanos de los hombres.
En nuestros días asistimos con gozo al redescubrimiento del Espíritu en la Iglesia, que pone de relieve el protagonismo decisivo del Espíritu en la renovación interna del pueblo de Dios y en su misión evangelizadora del mundo. Los carismas y la llama de pentecostés no se han apagado y son perceptibles en los constantes movimientos que de uno y otro signo vivifican a la Iglesia, tales como comunidades que están redescubriendo su bautismo con una nueva evangelización, comunidades carismáticas, cursillos de cristiandad, equipos matrimoniales, grupos de oración, hermandades, y otros grupos apostólicos que se esfuerzan y trabajan por hacer una Iglesia cada vez más viva y visible por el testimonio de vida.
MARTES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA
22 DE MAYO
· Hechos 20,17-27
Pablo ha partido el pan del Señor en Tróade. Ahora se va a Jerusalén, donde quiere estar el día de Pentecostés; llegado a Mileto, convoca a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.
El apóstol presiente su fin próximo, pero esta perspectiva no ralentiza su carrera, pues está seguro de ser conducido por el Espíritu. Como Jesús, ha “endurecido su rostro” ahora que Jerusalén está en el horizonte.
· Salmo 67: (Lunes de la séptima semana).
· Juan 17,1-11
El Evangelio como la lectura de los Hechos, respira un aire de despedida. Pablo reúne a los presbíteros de Éfeso para decirles adiós, y Jesús se despide también de sus discípulos. En ambos casos flota una atmósfera de oración. A partir de hoy, durante tres días, leeremos fragmentado el capítulo 17 de san Juan, que es uno de los más sublimes del cuarto evangelio, Jesús concluye su coloquio final con los discípulos dirigiendo su oración al Padre. Una oración que resume el significado de toda su vida y que trasciende el tiempo y el espacio para alcanzar a los discípulos de Cristo de todos los tiempos. Te indicaré los textos de estos días y te invito a hacer una lectura creyente y reposada del capítulo 17 del evangelio de Juan.
MIÉRCOLES DE LA 7ª SEMANA
DE PASCUA
23 DE MAYO
· Hechos 20,28-38

· Salmo 67
· Juan 17,11-19
JUEVES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA
24 DE MAYO
· Hechos 22,30;23,6-11

· Salmo 15
· Juan 17,20-26

VIERNES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA
25 DE MAYO
· Hechos 25,13-21
El proceso de Pablo se prolonga, pero, al igual que la Ley, el derecho romano, a pesar de su imparcialidad, poco puede hacer por el apóstol de Cristo. Claudio, Félix, Festo y Agripa reconocen la inocencia de Pablo, pero deben inclinarse ante su apelación a la jurisdicción imperial. Para evitar ser juzgado ante una jurisdicción judía. Pablo apela al Emperador.
· Salmo 102: “El Señor puso en el cielo su trono”.

· Juan 21,15-19

En la triple insistencia de Jesús en el amor de Pedro, le está diciendo que su primado, será un primado de amor. El evangelio contiene dos partes. En la primera de ellas Jesús confiere al apóstol Pedro una investidura pastoral preeminente, y en la segunda le preanuncia su destino martirial. Subyace en este evangelio la tradición neotestamentaria de una aparición del Señor resucitado a Simón Pedro, y vemos también afinidad con el pasaje del primado según Mt 16,18s.
SÁBADO DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA
26 DE MAYO
· Hechos 28,16-20.30.31
Pablo está en Roma, y allí se quedará dos años en régimen de libertad vigilada. Como ha hecho siempre, el apóstol se dirige en primer lugar a los judíos y les habla de la esperanza de Israel, es decir, de la resurrección de los muertos, anticipada en la de Jesús. Los judíos se dividen una vez más.
Con la etapa de Roma finaliza la proclamación del evangelio a los judíos. Desde ahora se traza una nueva perspectiva: el tiempo de las naciones. Ahí se encuentra, en definitiva, el verdadero juicio, la palabra de gracia del Resucitado, que, a través de Israel, viene al encuentro de todos los pueblos.
· Salmo 10: “Los buenos verán tu rostro, Señor”.
· Juan 21,20-25
Concluimos la lectura continua que durante estas siete semanas del tiempo pascual hemos venido haciendo del libro de los Hechos de los apóstoles como primera lectura, y del evangelio según san Juan como segunda. Los Hechos nos han mostrado la apasionante historia de los primeros pasos de la Iglesia y el anuncio misionero de los apóstoles bajo la guía del Espíritu Santo desde el día de Pentecostés, en cuya víspera estamos. A su vez, el evangelio de Juan nos ha transmitido el testimonio del discípulo amado de Jesús sobre el misterio y mensaje de la Palabra de Dios hecha carne.“Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”.

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