viernes, 11 de mayo de 2012


SEXTA SEMANA DE PASCUA

DOMINGO SEXTO DE PASCUA

13 DE MAYO

1ª Lectura: Hechos 10,25-48

Salmo: 97

2ª Lectura: 1 Juan 4,7-10

“…YO OS HE ELEGIDO Y OS HE

DESTINADO PARA QUE DEIS FRUTOS

DURADEROS”

PALABRA DEL DÍA

Juan 15,9-17


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os, lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quinen os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros”.

REFLEXIÓN

                Dios es amor. Misterio insondable. No es que tenga amor, sino que es amor, que se define como amor, que vive de amor, que no puede sino amar y no puede hacer nada que vaya contra el amor, porque se destruiría a sí mismo. No puede haber mejor noticia, saber que el principio, el centro y el fin de todo es la poderosa energía del Amor. Y saber que Dios te ama, pase lo que pase. Y saber que, si estamos hechos a su imagen y semejanza, el dinamismo constitutivo del hombre no puede ser otro que el amor.
            Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Jesús nos ha explicado cómo es el amor del Padre, amándonos. Toda la vida de Jesús, sus palabras, sus signos, sus gestos, su pasión y pascua son pruebas definitivas de ese amor divino. Ningún hombre podía amar tanto. El superó y trascendió los límites y Las capacidades humanas, de manera que el hombre, desde Cristo, ya es más que hombre.
            Si Dios es amor, el hombre, hecho a su imagen y semejanza, tendrá que definirse también por su capacidad de amar. A más amor será más hombre y más parecido a Dios, más humano y más divino. El hombre mejor será el que ame más.
            Por eso el Señor nos manda: que os améis unos a otros como yo él os ha amado. Nos lo manda para que nos realicemos y seamos felices, el que ama vive; a más amor, más vida; si nos amamos pasamos de la muerte a la vida, pero si no nos amamos, estamos muertos, “quién no ama permanece en la muerte” (1 Jn 3,14). Si nos amamos es que Cristo resucitó y nos hace resucitar. Si amamos como Cristo, seremos divinos: “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros”. (1 Jn 4,17).
            Como Jesús nos ha amado, así nos tenemos que amar. ¿Cómo responder a este misterio?.
·         Primero, agradecer y adorar.
·         Segundo, dejarse amar; abrirse sin miedo a tanto amor.
·         Tercero, vivir en y desde este amor.
Vivir en el amor hasta que “seamos amor”. Que vaya muriendo nuestro yo, que vaya tomando posesión de nuestros pensamientos y sentimientos la fuerza del amor; que miremos al otro como algo propio; que seamos capaces de comprender, de compartir, de perdonar y de comulgar con el otro, que no dudemos en servir, en dar la mano, en gastarse por los demás; y que todo esto lo hagamos desde el amor de Cristo, desde el Espíritu de Cristo, y amando en todos y en todo al mismo Cristo, a Dios, fuente y meta de todo amor.
ORA EN TU INTERIOR
                El hombre religioso siempre ha tenido hambre y sed de Dios. Y siempre se ha cuestionado sobre su existencia y sobre su esencia. ¿Quién eres Tú, Dios mío? ¿Por qué no te manifiestas con más claridad?
            Nuestra pequeñez puede alcanzar alguna noticia de Dios. Si miramos sus obras, deducimos su poder y grandeza, su sabiduría y generosidad. Algo más podemos saber si nos miramos a nosotros mismos, porque estamos hechos a su imagen y semejanza. Pero tendremos que pensar en lo mejor de nosotros mismos, para no manchar a Dios. Y lo mejor que hay en nosotros, lo que más nos identifica, es, sin duda, la capacidad de relación y apertura, el abrirnos misericordiosamente a los demás, el querer hacer el bien.
            Por este camino nos encontramos con el Dios que se revela, sobre todo, en Jesucristo. Nosotros creemos en el Dios de Jesucristo. ¿Cómo es el Dios de Jesucristo?
            Jesús nos hablaba de Dios. Y la palabra clave, que le salía del alma, era Abba. Se dirige a Dios como Abba, con todos los matices de ternura y confianza que queramos. Habla constantemente a su Abba, Dios habla de su Abba, nos enseña a rezar al Padre, Abba.
            Cuando Jesús pronuncia esta palabra todo se estremece y todo en él se estremece. Dice Abba, “papa”, y desborda de alegría. Dice Abba y se esponja en confianza y ternura.
            Lo mismo podía decir Misericordia. Lo mismo podía decir Amor. No que tenga misericordia o amor, sino que es Misericordia y Amor.
ORACIÓN FINAL
            Señor, si tú eres amor, nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, tendríamos que definirnos también por nuestra capacidad de amar. Amar a todos sin distinción, como tú. Así lo dijo claramente Pedro en casa de Cornelio: “Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”.
            Que mi amor, Señor, sea como el tuyo, un amor oblativo, un amor que se dé sin esperar nada a cambio. Un amor que sienta como suyos los sufrimientos, los dolores, los problemas, las alegrías y las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro mundo. Porque solo así, Señor, te conoceré:”Amémonos unos a otros, ya que el amor  es de Dios, y todo el que ama ha salido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”. Amén.

LUNES DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
14 DE MAYO
FIESTA DE SAN MATÍAS APÓSTOL

·         Hechos 1,15-17.20-26

·         Salmo 112

·         Juan 15,9-17
MARTES DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
15 DE MAYO
·         Hechos 16,22-34
A raíz de un exorcismo, Pablo y Silas son flagelados y encarcelados. Sin embargo, parece que el privilegio de la ciudadanía romana de Pablo les permite salir enseguida bien librados. Relato interrumpido por los vv. 25-40, que relata la liberación milagrosa de Pablo y Silas que da pie a la conversión del guardia de la prisión.
·         Salmo 137: “Señor, tu derecha me salva”.
El salmo 137 pertenece al género de la acción de gracias. Recuerda la angustia en que se ha encontrado el fiel, y menciona la acogida favorable.
·         Juan 15,1-7
Jesús anuncia de nuevo su partida, igual que en la primera sección del discurso de despedida. Pero si antes eran los discípulos Pedro, Tomás y Judas Tadeo quienes planteaban interrogantes al maestro, ahora nadie se atreve a preguntarle a dónde va, porque la tristeza ha invadido el corazón de todos. “Sin embargo, os conviene que yo me vaya –les dice Jesús-, porque si yo no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy os lo enviaré”. Jesús está refiriéndose a su muerte, necesaria para su glorificación. Precisamente por el camino paradójico del fracaso, Cristo resucitado fundamentará definitivamente la fe de sus discípulos.


MIÉRCOLES DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
16 DE MAYO
·         Hechos 17,15.22-18,1
Pablo predica en Atenas, aprovecha para ello, el altar que descubre dedicado “al dios desconocido”. Pablo empieza por exaltar la espera religiosa que se manifiesta en el pueblo ateniense. ¿No elevan altares a dioses desconocidos para conseguir sus favores? Pero Pablo anuncia a ese Dios al que los paganos reverencian sin conocerle: es el Dios de los judíos, el Dios de Jesucristo, el Dios único, creador y providente.
·         Salmo 148: “Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria”.
El salterio termina con himnos como el salmo 148, que durante el tiempo pascual jalonan los progresos de la evangelización.
·         Juan 16,12-15
El Espíritu tiene, entre sus tareas, la función magisterial respecto a los discípulos, como afirma hoy Jesús: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Lo que hable no será suyo… tomará de lo mío y os lo anunciará”. Jesús habla de “verdad plena”-
No es que el Espíritu venga a revelar verdades nuevas  sobre Dios que Cristo no hubiere ya enseñado. Solamente Jesús es la palabra de Dios. Y cumplió plenamente la misión de revelarlo.
JUEVES DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
17 DE MAYO
·         Hechos 18,1-8
Después de Atenas, está Corinto. Sus dos puertos son tan famosos como sus vicios. Llegado en el 49-50, Pablo encontró entre los estibadores un judío atento y cordial. Pero, como en cualquier parte de Grecia, había también filósofos aficionados a los hermosos discursos y a las nuevas teorías. La predicación del apóstol no concedió nada a la sabiduría del mundo; prefería la locura de la cruz.
·         Salmo 97: “El Señor revela a las naciones su victoria”.
“Cantad al Señor un cántico nuevo”. El salmo 97 canta la obra del Espíritu en la Iglesia.
·         Juan 16,16-20
Jesús anuncia a sus discípulos su inminente partida y su pronto retorno, que cambiará la tristeza de los suyos en alegría. Cristo no les dice adiós, sino hasta luego: “Dentro de un poco ya no me veréis; dentro de otro poco me veréis. Porque voy al Padre”. Entendido a corto plazo y dentro del contexto de la última cena, en el juego de palabras que emplea Jesús y según la mayoría de los padres griegos, el breve tiempo que separa la cena de la pasión, y el “dentro de otro poco” da a entender el corto intervalo entre la muerte y las apariciones pascuales del Señor resucitado.
VIERNES DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
18 DE MAYO
·         Hechos 18,9-18
Por primera vez, el cristianismo se encuentra acusado ante un tribunal pagano, el del procónsul Galión, hermano del filósofo Séneca. La cuestión debatida es todo un programa, ¿es el cristianismo una variante del judaísmo o es una religión nueva.
·         Salmo 46: “Dios es el rey del mundo”.
El salmo 46 es un himno. El tema de la conquista de la tierra prometida está relacionado esta vez con el éxito de la misión cristiana.
·         Juan 16,20-23
La proclamación del evangelio comienza repitiendo la última frase de Jesús a sus discípulos en el evangelio de ayer al anunciarles, una vez más, su partida: “Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegrías”. Se trata de una alegría que surge triunfante del dolor. Para expresarla se sirve Jesús de una breve parábola, sacada de la experiencia del nacimiento de un niño. “La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre”.
SÁBADO DE LA SEXTA SEMANA
DE PASCUA
19 DE MAYO

·         Hechos 18,23-28
Pablo se pone otra vez en camino y regresa a Antioquía. Visita las comunidades de Galacia y Frigia. Finalmente, llega a Éfeso, uno de los mayores centros comerciales y religiosos del mundo greco-romano. Antes que él había llegado un judío, originario de la ciudad egipcia de Alejandría y conocido por el nombre de Apolo. Estamos mal informados acerca de este predicador; era un hombre versado en la Escritura y anunciaba a Jesucristo, pero su enseñanza parece que era muy arcaica, incluso de antes de Pentecostés. Lucas dice que Priscila y Aquila completaron su instrucción antes de enviarle a Corinto, donde hizo un excelente trabajo.
·         Salmo 46 (el mismo que ayer viernes)

·         Juan 16,23-28
Jesús, expone dos consecuencias que brotan de la unión con los suyos. En días anteriores de este tiempo pascual, meditando sobre el discurso de despedida de Cristo, veíamos el círculo de amor que se establece entre el Padre, Jesús, el Espíritu, los creyentes y de éstos entre sí. Hoy se extraen dos aplicaciones de tal intimidad y comunión de vida. La primera, respecto de la oración, y la segunda, respecto del conocimiento de Jesús y del Padre. Son “privilegios” que disfrutará el discípulo de Cristo.









sábado, 5 de mayo de 2012


QUINTA SEMANA DE PASCUA

Para que los hombres entren en comunión con él, Dios quiere darse a conocer o, según la palabra bíblica, revelarse, desvelarse. Para lograrlo, y siguiendo el instinto de todo amor, Dios busca los medios de vivir con el ser amado. Se hace hombre: sale de sí mismo y se despoja, de alguna manera, de su trascendencia. Ese es el misterio. Su extravagancia racional provoca precisamente en nosotros lo que llamamos la fe. La fe no es consentimiento teórico a una verdad abstracta, sino participación del ser Dios, dado en comunión.
            Sobre este trasfondo hay que captar el misterio de la Iglesia. A través de los tiempos, la Iglesia es la historia de la palabra única entregada por Dios en Jesucristo. “¡El reino ha llegado a vosotros!. La Palabra de Dios no tiene más palabras para hacerse oír que palabras de hombres que balbucean el misterio revelado; pero en estas palabras que dudan se pueden ya oír la voz eterna. El amor no tiene otro lugar donde realizarse que los gestos de los hombres y mujeres que intentan amar; pero en estas vidas aún confusas se efectúa ya el gran gesto de Dios.
            El tiempo de la Iglesia se confunde con el de espera y la esperanza. La referencia de la Iglesia a lo Por-venir, al Reino, es tan decisiva como la referencia al hecho pasado de Jesús. Sin duda, la Iglesia recuerda, y su fe es memoria, herencia; pero, al mismo tiempo, está orientada a la futura consumación. Y aunque viva ya la visión del cara a cara. Dios se ha revelado de una vez por todas y, sin embargo, a la Iglesia no le bastará todo el tiempo de la Iglesia es el de la humilde invocación: “¡Venga tu Reino!”. Con la seguridad que le da Cristo, ella ofrece ya al Reino la posibilidad de llegar a los hombres, pero sin jamás poder agotarlo.
            Sois el Cuerpo de Cristo, ¡y no hay que profanar el amor!
            Sois la Viña plantada por Dios, ¡y no debéis nutriros de fuentes estériles!
            Sois el pueblo consagrado, ¡y no podéis coquetear con el mundo caduco! ¡Señor, ten piedad de nosotros!



6 DE MAYO
DOMINGO 5º DE PASCUA
1ª Lectura: Hechos 9,26-31
Salmo: 21
2ª Lectura: 1 Juan 3,18-24
“YO SOY LA VERDADERA VID,
Y MI PADRE ES EL LABRADOR…”
PALABRA DEL DÍA
Jn 15,1-8
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos”.
REFLEXIÓN
            El discípulo de Jesús no sigue de lejos a su maestro, no se limita a escucharle y aprender sus lecciones, ha de vivir unidos a él por la fe y por el amor. Tan unido como el sarmiento está unido a la cepa. No son cosas distintas, forman una unidad, la vid. El cristiano es algo más que creyente o practicante, es parte de Cristo.
            Para que el sarmiento tenga vida, ha de estar unido a la Vid. A mayor unión, más vida, más savia recibirá. Y la savia es la palabra, la savia es el amor, la savia es el Espíritu santo.
            Savia-palabra: “Mis palabras permanecen en vosotros” (Jn 19,7). “Quien guarda su palabra ciertamente en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud” (1 Jn 2,5).
            Savia-amor: “El amor que Tú me has dado esté en ellos” (Jn 17,26). “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien tiene al Hijo tiene la vida”. (1 Jn 3,14; 5,12).
            Savia-Espíritu: “Recibirá de lo mío y os lo comunicará a vosotros” (Jn 16,14). “En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el santo. La Unción que de él habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe” (1 Jn 2,20-27). “Amor de Dios derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo” (Rom 5,5).
            La unión entre los sarmientos y la vid ha de ser íntima, permanente, creciente, fecunda.
            Intima. No es un colaborar, un darse la mano, un compartir. Es un comulgar. Unión de trasvase vital, común unión de pensamiento y sentimiento, un solo corazón y una sola alma. La vid y los sarmientos se alimentan de la savia, el que comulga se alimenta de Cristo. La savia de Cristo pasa a la nuestra, una transfusión de sangre y Espíritu.
Permanente. No bastan encuentros esporádicos. El sarmiento no se puede separar de la vid. Nuestro motor tiene que estar siempre enchufado a la central espiritual del corazón de Cristo. Sin su corriente nos apagamos. Hay momentos para cargar nuestras baterías, pero esa energía acumulada nos vitaliza. Cristo, energía divina, siempre en tu mente y en tu corazón.
Creciente. Se da todo un proceso de vaciamiento propio y de posesión de Cristo, de purificación y espiritualización, de comunicación y empatía, hasta llegar a la unidad consumada que Jesús pedía al Padre.
Los frutos que el Padre espera de nosotros son los del Espíritu, frutos de amor, de paz, de justicia, de solidaridad, de servicio. Cada día has de ofrecer algún fruto al Señor. Cada día una oración continuada y un amor entregado. La vida no está para guardarla, sino para darla.
Estar unido a Cristo es vivir en comunión con él; que su Espíritu nos aliente y vivifique.
Se reitera la necesidad de permanencia. No bastan encuentros esporádicos, ratos de oración, por largos que sean. Se necesita una vivencia cristiana continuada, cuando se reza y cuando se trabaja, cuando se ríe y cuando se llora, cuando se sirve o cuando se es servido, cuando hay luz o cuando hay tinieblas, cuando se agradece o cuando se espera. No puede haber dicotomía en la vida espiritual.
            Mira, para dejar que toda la savia del Espíritu penetre en ti, necesitas vaciarte del todo. Esto no es posible sin poda, sin despojo y sin muerte.
El trabajo de poda es ingrato y doloroso, pero necesario. Tendemos a la dispersión, a las desviaciones, a la exuberancia vanidosa, a la pasividad y el conformismo. Por ahí se nos va la vida o se estanca el dinamismo vital de la savia. Hay que cortar o estimular, quitando apegos, quemando ataduras, ahuyentando miedos y temores, alentando pasividades. Así la savia, bien concentrada y orientada estallará en frutos gozosos.
ENTRA EN TU INTERIOR
            El mandamiento de Dios, y Juan nos lo repite, es que creamos en Jesús y que nos amemos unos a otros.
            Creer en Jesús de manera que tengamos plena confianza en Dios. El que cree no tiene miedo. Se sabe pequeño e inútil, pero confía; no en sus capacidades, sino en la fuerza del Espíritu.
            El que cree confía incluso a pesar de su pecado, porque conoce la misericordia de Dios, sabe que su Corazón es más grande que nuestra conciencia. El pecado no es un obstáculo para la unión con Cristo si confías y si te dejas podar, si te dejas quemar.
            Creer también es amar. La fe y la caridad son hermanas que van siempre unidas y mutuamente se ayudan y enriquecen. San Juan lo expresa de muchas maneras, pero la razón última es que Dios es amor, quien cree en el amor no puede por menos que abrirse al amor. Y quien vive en el amor se llena de conocimiento y de luz, le resulta muy fácil creer.
ORACIÓN FINAL
            Señor, tú me dices: “Mi mandamiento es que os améis”. Para que tu Iglesia no tenga más preocupación que la de amar cada vez con más pasión:  ¡Señor, dame tu Espíritu!.
            “Os doy un mandamiento nuevo”, nos dijiste: para que todo rastro de envejecimiento dé paso al amor que no tiene fin. ¡Señor, dame tu Espíritu!.
“Amaos como yo os he amado”: para que la audacia de un amor sin reservas sea la señal de que tú estás conmigo. ¡Señor, dame tu Espíritu!.
LUNES DE LA 5ª SEMANA DE PASCUA
7 DE MAYO
·         Hechos 14,5-18
La presencia de Cristo entre los suyos se evidencia en este texto del libro de los Hechos, en el que Pablo y Bernabé pasan de la persecución al aura popular gracias a la curación de un minusválido. Eso motivó el que la gente quisiera ofrecerles sacrificios de animales como a dioses en figura humana, lo cual a su vez provocó el breve discurso de Listra, preludio y embrión del gran discurso de Pablo en la plaza de Atenas, dirigido también a paganos. Por eso, prescindiendo de toda referencia a la Escritura y a las profecías, el discurso de Listra apela a la presencia dinámica de Dios en la naturaleza como vía para su conocimiento.
·         Salmo 113:”No a nosotros, Señor, no a los otros, sino a tu nombre da la gloria.
El salmo 113 es una composición sin forma, que ha tomado sus versículos de otros salmos. Los versículos 2-8 ponen de relieve la polémica anti-idólatra; el versículo 15 es una bendición sacerdotal.
·         Juan 14,21-26
Jesús prosigue su conversación de despedida. Aunque él se ausenta, no obstante se mostrará al que lo ama, es decir, al que guarda su palabra o mandamiento. “En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos” (1 Jn 5,3). ¿Por qué se manifestará Jesús solamente al que guarda su palabra y no al mundo entero? Es el interrogante que le plantea el apóstol Judas el de Santiago, Judas Tadeo. En su pregunta subyace implícita la esperanza judía de un mesías glorioso, que alentaba en el corazón de todo israelita.
“Si alguien me ama…” ¡He aquí la originalidad de los cristianos! Ser discípulo significa, ante todo, referirse a otro, sentir la fascinación producida por el hecho de que Dios hace todo lo posible por hacernos compartir su vida, llegando  al extremo de dejarse clavar en un madero. “Si alguno me ama, mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”. Dios ha elegido, para siempre, vivir en el corazón que ama.
MARTES DE LA 5ª SEMANA DE PASCUA
8 DE MAYO
·         Hechos 14,19-28
Las gentes se calman, pero sólo por un momento; ya hay judíos que vienen de Antioquía y de Iconio y revuelven los sentimientos de la versátil multitud. Los que ayer aclamaban a Pablo, hoy le lapidan y le dan por muerto. El que había asistido a la muerte de Esteban recibe a su vez el suplicio; ahora es auténtico testigo del Señor Jesús, que había sido crucificado después de haber entrado triunfante en Jerusalén.
Se ha dado la vuelta a una página. Partidos de Jerusalén, los misioneros se habían dirigido primero al Pueblo de la alianza, pero la mayor parte de los judíos les han dado la espalda. Entonces el Espíritu ha guiado a los apóstoles hacia campos de acción inesperados. Ha abierto “a los paganos la puerta de la fe”. El Espíritu sopla donde quiere. Ahora, la Iglesia debe reunirse y reconocer la obra de aquel que la desborda por todas partes.
·         Salmo 144: “Que tus fieles, señor, proclamen la gloria de tu reinado”.
El salmo 144 emplea fórmulas preexistentes; se le clasifica habitualmente dentro del género de los himnos.
·         Juan 14,27-31
Si el evangelio de ayer concluía con la promesa del Espíritu como maestro y mentor de todo lo que Cristo dijo en vida a sus discípulos, el de hoy empieza con otro don de Jesús a los suyos al despedirse de ellos: “La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo”. La paz de Cristo es el conjunto de todas las bendiciones mesiánicas de la nueva alianza, contenidas en una palabra: vida, y en una realidad clave: salvación de Dios. Como el don de la Paz que otorga Jesús es él mismo, con razón podemos llamar a Cristo “nuestra paz”, como dice san Pablo (Ef 2,14).
MIÉRCOLES DE LA 5ª SEMANA DE PASCUA
9 DE MAYO
·         Hechos 15,1-6
La puerta de la fe ha sido abierta a los gentiles, pero ya hay quienes quieren cerrarla. El Espíritu abre a la Iglesia horizontes ilimitados, pero “algunos” venidos de Judea quieren aislarla en su gheto judío.
Un problema fundamental se le plantea a la Iglesia, y no es sólo circuncisión sí o no, sino algo más importante: ¿Cuál es la fuente de la salvación, el hombre o Dios? Dicho de otro modo: ¿Se salva el hombre por la práctica religiosa, por la obediencia a una ley en la que la circuncisión es como el preludio y el símbolo? En una palabra, ¿se salva el hombre por sus propias fuerzas o  la fuente de la salvación se encuentra en Dios? ¿Es la salvación el resultado de una negociación o de la gratuidad divina? ¿Para qué sirve la fe si está subordinada a la circuncisión? ¿Es la cruz de Cristo un desdichado incidente, o bien es la puerta de la vida?.
·         Salmo 121: “Vamos alegres a la casa del Señor”.
Fue en Jerusalén donde se reunieron los apóstoles y los ancianos para discutir el asunto de la entrada de los gentiles en la Iglesia. El salmo 121, canto de peregrinación, expresa perfectamente esa preocupación por la comunión de todas las Iglesias con la Iglesia-madre.
·         Juan 15,1-8 (El mismo que el domingo 5º de Pascua)
Con el evangelio de hoy comienza el capítulo 15 de san Juan, la segunda sección del discurso de despedida de Jesús durante la cena. Viene a ser un desarrollo más amplio del capítulo precedente, Jn 14, que veníamos leyendo desde el viernes de la cuarta semana. Si antes habló Jesús de la comunión de vida con los suyos mediante su morada en quien lo ama guardando su palabra y mediante la presencia del Espíritu, ahora acentúa de nuevo esos lazos de unión mediante otro símil: la vid y los sarmientos, tema que nos llevará hasta el sábado.
      “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”. La unión con Cristo es la condición indispensable para dar fruto en cristiano porque de él, que es la cepa, viene la savia a los sarmientos.
JUEVES DE LA 5ª SEMANA DE PASCUA
10 DE MAYO
·         Hechos 15,7-21
Pablo y Bernabé han decidido volver a Jerusalén, donde ha sido convocada la comunidad. Pedro toma la palabra y recuerda su propio ministerio entre los gentiles, vinculándolo a la acción de la Providencia: “Por voluntad de Dios, las naciones gentiles han oído la palabra del Evangelio y han creído”. También da el sentido profundo de su encuentro con el centurión Cornelio: el don del Espíritu, el perdón de los pecados y la salvación son obra de la gracia divina, tanto para los judíos como para los gentiles.
·         Salmo 95: “Contad las maravillas del Señor a todas las naciones”.
El salmo 95 invita a todos los pueblos a la alabanza. En efecto, se ha confiado a un heraldo el encargo de anunciar que “Yahvé se ha convertido en rey” de todas las naciones.
·         Juan 15,9-11
Ser profundiza en la idea central, que ya veíamos ayer, la unión permanente del discípulo con Jesús mediante el amor, es decir, mediante el cumplimiento de sus mandamientos, porque el amor se prueba en la obediencia de la fe. Este breve texto es una transición entre el símil de la vid y la declaración de amistad que después hará Jesús a los que hasta entonces no eran más que sus discípulos.
¿Y cómo permanecer en el amor de Cristo? “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.
VIERNES DE LA 5ª SEMANA DE PASCUA
11 DE MAYO
·         Hechos 15,22-31
La crisis ha quedado resuelta, gracias a Santiago, el pariente del Señor y cabeza de la Iglesia de Jerusalén. Ahora hay que hacer llegar las decisiones de Jerusalén a las iglesias de Antioquía, de Siria y de Cilicia. Se envía a Pablo, a Bernabé y a otros delegados para que expliquen las decisiones que se han tomado. Se trata de hombres experimentados y que se preocupan por el bien común. Pedro, desaparece de la escena del libro de los Hechos tras haber sido, hasta el final, el garante de la comunión universal a la que Dios había destinado a su pueblo desde el principio.
·         Salmo 56: “Te daré gracias ante los pueblos, Señor.
Del salmo 56, la liturgia ha conservado la promesa de dar gracias a Dios.
·         Juan 15,12-17
El evangelio de hoy contiene dos ideas básicas; la amistad de Jesús con sus discípulos y, como consecuencia, el amor fraterno. El texto empieza y concluye con  la misma consigna: mandamiento del Señor sobre el amor fraterno: “Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Esto os mando: que os améis unos a otros”. Jesús dice que éste es “su” mandamiento; y en otro pasaje de la despedida lo califica de “nuevo”, e incluso sitúa en el amor fraterno la “señal” externa de identificación de sus discípulos.
SÁBADO DE LA 5ª SEMANA
DE PASCUA
12 DE MAYO
·         Hechos 16,1-10
Para Lucas, Jerusalén es la ciudad de los comienzos. En su templo, el ángel Gabriel había anunciado la irrupción del reino a Zacarías; a las puertas de la ciudad se había jugado el, destino de Jesús. También en Jerusalén, el Espíritu había hecho brotar el fuego de Pentecostés, y el nuevo Israel se había abierto a los gentiles.
Ahora comienza la gran misión de Pablo. Recluta primero a un discípulo, Timoteo, hijo de un griego y de una judía, y, deseoso de  hacer ver la continuidad entre la Iglesia de Jerusalén y su misión, le circuncida. Al mismo tiempo, comunica a las comunidades las decisiones de Jerusalén.
·         Salmo 99: “Aclama al Señor tierra entera”.
El salmo 99 invita a la llamada universal.
·         Juan 15,18-21
En profundo contraste con el evangelio de ayer, cuyo tema era el amor de Jesús a sus amigos y de éstos entre sí, el de hoy, constata el odio del mundo a los discípulos de Cristo. Pero esto forma también parte de la comunión de vida con Jesús. El tema hace eco a la experiencia de la persecución que las primeras comunidades tenían ya cuando se escribió el cuarto evangelio; persecución proveniente de la sinagoga judía y también, incipientemente, del imperio romano.
Pero el cristiano que vive en el mundo tiene razones para la serena esperanza en medio de la tribulación: Cristo le ha precedido en esta experiencia, y él ha salido vencedor. “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, éste os amaría como cosa suya; pero como no sois del mundo, el mundo os odia