miércoles, 17 de julio de 2013

21 DE JULIO: DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (C)


 

“Marta, Marta; andas inquieta y nerviosa con tantas cosas;

sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”

21 DE JULIO

XVI DOMINGO DEL TIEMPO PORDINARIO ©

1ª Lectura: Génesis 18,1-10a

Salmo 14: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

2ª Lectura: Colosenses 1,24-28

PALABRA DEL DÍA

Lucas 10,38-42

“En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: -Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. Pero el Señor le contestó: -Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".

Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,

y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

REFLEXIÓN

            Los textos evangélicos de este domingo y de los siguientes tienen como eje la siguiente idea central: si por Jesús hemos recibido el don precioso de la vida nueva, es justo que empleemos todos los medios para conservar, preservar y aumentar ese don. La Vida es un tesoro, pero frágil, y muchos son los peligros que la acechan.

            El cristiano debe mantenerse en constante “vigilancia” interior para que su vida, su vida interior, no sucumba, sobre todo, bajo las preocupaciones diarias y el afán del lucro y riquezas.

            Hoy se nos presentan las figuras prototípicas de dos hermanas: Marta y María, cuyo hermano, Lázaro, anticiparía en su muerte y vuelta a la vida el gran misterio de Jesucristo.

            Marta y María son el caso concreto de muchas palabras que Jesús dijo sobre la importancia del reino y su justicia, sobre la actitud ante la palabra de dios y sobre la constante vigilancia del hombre en la vida.

            Marta vive desprevenida, atrapada entre sus cacharros, con la defensa descubierta. Ya no crece como mujer, ya no hay novedad alguna en su vida, constante rutina gris, interminable repetición de los mismos actos un día y otro. Es una mujer a la que se le han acabado las preguntas, los ideales y el afán de crecer.

            María, en cambio, vigila el don precioso de su vida y de su fe. Sabe que las preocupaciones diarias pueden ahogarla, cosificarla y embrutecerla. Como el vigía de la torre, mira, camina, se detiene, piensa y mantiene constantemente el arma en la mano.

            Por eso está a los pies del Señor: quiere aprender a ver la vida desde Dios, porque si Dios está realmente en su vida, la vida será Vida con mayúscula. Hará, quizá, lo mismo de siempre, pero con otro sentido; como persona será la dueña de sus actos, sabiendo cuándo tiene que perder algo para que no se pierda lo más importante.

            En María, prototipo del discípulo, se manifiesta perfectamente los sentimientos del salmo 130: “Desde lo más profundo grito hacia ti, señor. Estén atentos tus oídos a la voz de mi plegaria… Yo espero en Dios, mi corazón espera y estoy pendiente de su palabra. Mi corazón está pendiente del Señor más que el centinela de la aurora, porque con dios está el amor y junto a él hay abundante salvación…”

            Solo una cosa es necesaria: gozar la vida, con poco o con mucho. Es la única que tenemos; no hay segunda oportunidad. Ese es el lenguaje de este evangelio y para eso llega de improviso el Señor a nuestra casa: para que no estemos desprevenidos.

            Con gran claridad lo dice Jesús en el Evangelio de Lucas un poco más adelante: “No andéis tan preocupados por la comida o el vestido; no os obsesionéis tanto por eso… Buscad, más bien, el Reino, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No temáis, pequeño rebaño, porque al Padre le ha parecido bien daros el Reino” (Lc 12,29-32).

 
ENTRA EN TU INTERIOR

NECESARIO Y URGENTE

Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes. María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda “sentada a los pies del Señor”. Su única preocupación es escucharle.

 El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano”. Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”.

 Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

 Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz.

Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            Todos buscamos una sola cosa: vivir. Vivir consciente y plenamente. Vivir con dignidad, descubriendo desde la perspectiva de dios el sentido de nuestra existencia.

            Como dice san Pablo: “Dios ha querido dar a conocer a los suyos la riqueza que este misterio encierra… es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria”.

            Vivir con esta dimensión nueva supone en nosotros una constante vigilancia. La liturgia de hoy llama nuestra atención sobre este punto.

            Jesús entra en casa de sus amigos y se pone a dialogar con ellos. Una de las dos hermanas, Marta, no se para, sino que sigue centrada en sus cosas, con, la cabeza en mil sitios. María se pone a los pies de Jesús para aprender de él como discípula.

            Pero Jesús no le dice a Marta que lo que está haciendo esté mal, ella intenta prestarle el mejor de los servicios a un amigo.

Jesús nos urge a valorar lo que realmente es importante en la vida y a no  dejarnos ahogar por las preocupaciones.

ORACIÓN

            Señor, que nos has revelado por medio de Jesucristo tu mensaje completo, el misterio que has tenido escondo desde siglos y desde generaciones, haz que quienes lo hemos recibido en el corazón lo hagamos realidad en nuestra vida diaria.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes proporcionadas por Catholic.net

           
 
 
 


miércoles, 10 de julio de 2013

14 DE JULIO: XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda

tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser.

Y al prójimo como a ti mismo”

14 DE JULIO

XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO ©

1ª Lectura: Deuteronomio 30,10-14

Salmo 68; “Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”

2ª Lectura: Colosenses 1,15-20

PALABRA DEL DÍA

Lucas 10,25-37

“En aquel tiempo, se presentó un letrado y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: -Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Él le dijo: -¿Qué está escrito en la Ley?, ¿qué lees en ella? El letrado contestó: -“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo”. Él le dijo: -Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida. Pero el letrado, queriendo aparecer como justo, preguntó a Jesús: -¿Y quién es mi prójimo? Jesús dijo: -Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él, y al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: -Cuida de él, y lo que gastes de más ya te lo pagaré a la vuelta. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos? El letrado contesto: -El que practicó la misericordia con él. Díjole Jesús: -Anda, haz tú lo mismo”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".

Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".

Él le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".

"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.

Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.

También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.

Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".

"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

REFLEXIÓN

            El hombre es un peregrino; viajero que no conoce el inmovilismo. Aunque las apariencias le den la sensación de reposo o quietud, jamás respira el mismo aire. Camina por el desierto buscando siempre, aun cuando encuentre, como si avanzara de espejismo en espejismo hacia una meta que no sabe si está dentro o fuera de sí mismo.

            Pero, ¿qué busca?... O mejor: ¿qué buscamos?

            Se lo preguntó para ponerlo a prueba, porque quien sepa responder es un sabio y profeta; de lo contrario de nada sirve su filosofía o su religión. Sin darse cuenta, aquel hombre había puesto el dedo en la llaga. Vivía inmerso en una aparatosa estructura religiosa, tenía toda la experiencia y sabiduría de la ley de los profetas, pero, ¿servía eso para vivir?

            En efecto, ¿de qué nos sirve todo lo que tenemos y somos, si en ese todo no está incluida la vida, una vida con sentido, una vida que trascienda el espejismo de hoy y el de mañana?

            Por extraño que parezca, pocas veces la teología cristiana ha hecho una pregunta tan concreta. Y si recordamos los años de nuestra formación religiosa, comenzando ya desde el primer catecismo, qué poco se nos dijo de la vida y cuán pocas veces se enfocaron los problemas desde la perspectiva de esto tan urgente y tan universal: vivir.

            Jesús, como auténtico sabio, no dio una respuesta nueva ni original. Simplemente apeló a la vieja sabiduría humana, a veces corriente vital que recorre a menudo subterráneamente la historia, que a veces desborda y otras se sumerge, permitiendo una y otra vez encontrar sentido al largo caminar. Por eso le preguntó: ¿Qué hay escrito por allí? ¿Qué dice la experiencia de tu pueblo?

            La originalidad de Jesús no está en la respuesta que dio al letrado, sino en la conclusión final: “Anda, haz tú lo mismo.” Como si le dijera: Nadie puede hacerte vivir, ni siquiera la religión o la Biblia. Si quieres vivir, camina, construye, recrea. Sé tú mismo. Lo demás son palabras. Y eso lo explico mejor después con esa preciosa parábola “del buen samaritano”.

            Jesús no le dijo nada “nuevo”, sino que cumpliera aquello del amor. Que ame a Dios y que ame al prójimo. Eso es vida. Lo demás es muerte, aunque parezca vida.

 

 
ENTRA EN TU INTERIOR

Para no salir malparado de una  conversación con Jesús, un maestro de la ley termina preguntándole: «Y ¿quién  es mi prójimo?». Es la pregunta de quien sólo se preocupa de cumplir la ley.  Le interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No  piensa en los sufrimientos de la gente. Jesús, que vive aliviando el  sufrimiento de quienes encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la ley  del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato que denuncia de  manera provocativa todo legalismo religioso que ignore el amor al  necesitado.

En el camino que baja de Jerusalén a  Jericó, un hombre ha sido asaltado por unos bandidos. Agredido y despojado de  todo, queda en la cuneta medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién  es. Sólo que es un «hombre». Podría ser cualquiera de nosotros. Cualquier  ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la desgracia o la  desesperanza. «Por casualidad» aparece por el camino un sacerdote.

 El texto indica que es por azar, como si nada tuviera que ver allí un hombre  dedicado al culto. Lo suyo no es bajar hasta los heridos que están en las  cunetas. Su lugar es el templo. Su ocupación, las celebraciones sagradas. Cuando  llega a la altura del herido, «lo ve, da un rodeo y pasa de  largo». Su falta de compasión no es sólo una  reacción personal, pues también un levita del templo que pasa junto al herido  «hace lo mismo».

 Es más bien una actitud y un peligro que acecha a  quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos del mundo real donde la  gente lucha, trabaja y sufre. Cuando la religión no está centrada  en un Dios, Amigo de la vida y Padre de los que sufren, el culto sagrado puede  convertirse en una experiencia que distancia de la vida profana, preserva del  contacto directo con el sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin  reaccionar ante los heridos que vemos en las cunetas.

 Según Jesús, no son los  hombres del culto los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los  que sufren, sino las personas que tienen corazón.

 Por el camino llega un samaritano.  No viene del templo. No pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive  dedicado a algo tan poco sagrado como su pequeño negocio de comerciante. Pero,  cuando ve al herido, no se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por  él todo lo que puede. Es a éste a quien hemos de imitar. Así dice Jesús al  legista: «Vete y haz tú lo  mismo». ¿A quién imitaremos  al encontrarnos en nuestro camino con las víctimas más golpeadas por la crisis  económica de nuestros días?

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            La parábola nos dice que el amor al Dios que no vemos debe hacerse realidad en el prójimo a quien vemos. Hoy diríamos que es una parábola de “denuncia” porque pone al descubierto la falsedad de una religión que se contenta con adorar a Dios en el templo, rezar y ofrecerle lo que la ley manda.

            En efecto, la ley judía no inculcaba el amor entre judíos y samaritanos; al contrario, preconizaba el desprecio de los heréticos y odiados hermanastros de raza y fe. Pero para amar hace falta hacerse prójimo del otro, sin mirarle la cara, sin preguntarle por sus opiniones. Y esto es más duro que amar a Dios. Por eso aquel letrado tuvo que escudarse en la pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”

            Como cristianos estamos llamados a tomar la iniciativa en esto: hacernos prójimo del otro; crear proximidad afectiva allí donde no la hay.

            Al fin y al cabo, cualquiera ama al prójimo. Eso lo cumplen hasta los paganos, decía Jesús. El cristiano es invitado a crear proximidad, a romper barreras, a destruir el odio y la indiferencia.

            Es el camino de la vida. Lo demás es muerte.

ORACIÓN

            Señor, que has puesto en nuestra boca y en nuestro corazón el gran mandamiento del amor que nos da la vida eterna, haz que caminemos cada día en la luz de tu palabra.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes proporcionadas por Catholic.net

           


 


martes, 2 de julio de 2013

7 DE JULIO: XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (C)



“La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño

de la mies que mande obreros a su mies!

7 DE JULIO

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO ©

Primera Lectura: Isaías 66,10-14c

Salmlo 65: “Aclamad al Señor, tierra entera”

Segunda Lectura: Gálatas 6,14-18

PALABRA DEL DÍA

Lucas 10,1-12.17-20

“En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: -La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “está cerca de vosotros el Reino de Dios”. Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros” “De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios” Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo. Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: -Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. El les contestó: -Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

Versión para América Latina, extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y dos discípulos y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las ciudades y lugares adonde debía ir.
Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a su cosecha.
Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de lobos.
No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos.
Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes diciendo: La paz sea en esta casa.
Si en ella vive un hombre de paz, recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a ustedes.
Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les ofrezcan, porque el obrero merece su salario.
No vayan de casa en casa. Cuan do entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan,
sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a ustedes.
Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a sus plazas y digan:
Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de Dios ha venido a ustedes.
Yo les aseguro que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad.
Los setenta y dos discípulos volvieron muy contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre.»
Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes.
Sin embargo, alégrense no porque los espíritus se someten a ustedes, sino más bien porque sus nombres están escritos en los cielos.»

REFLEXIÓN

            En los domingos anteriores hemos reflexionado acerca de las exigencias del discipulado. Si Jesús no establece divisiones ni discriminaciones entre él y los suyos, también es cierto que les propone el mismo camino de fidelidad al Padre que él ha adoptado para sí mismo.

            Hoy cerramos este ciclo de meditaciones sobre el seguimiento de Cristo preguntándonos cuál pueda ser la misión del discípulo de Jesús en el mundo. Este tema que Lucas desarrolla tan ampliamente en los Hechos de los apóstoles, nos es propuesto hoy a raíz de la elección y misión de los “Setenta y dos discípulos”, que, si parecen tener una categoría inferior con respecto a los Doce en cuanto a organización interna de la comunidad cristiana, no parecen tener una misión distinta en cuanto a la evangelización.

            Estos setenta y do laicos que formaron con las mujeres y los Doce la primera comunidad cristiana, forman lo que hoy llamaríamos un laicado comprometido que interpretó su vocación cristiana como un servicio al Reino de Dios. Su elección a cargo directo de Jesús, su misión y la forma de desarrollarla son como la “regla fundamental” de toda comunidad cristiana que se precie de tal, sea ésta laica o religiosa, ya que las exigencias cristianas son iguales para todos por el simple hecho de ser llamados por Cristo, sin que la diferencia de estructuras o formas de vida sea motivo para que supongamos que existen dos formas de cristianismo. Por ello, el texto evangélico de hoy tiene una importancia particular.

            Lo que nos llama la atención es el encuadre general del relato. En efecto, todo él tiene como prospectiva general la cercanía del Reino de Dios, cercanía y presencia que constituyeron no sólo el contenido de la predicación de los Doce y de los Setenta y dos, sino que son el horizonte que jamás hemos de perder de vista cuando queremos referirnos a la acción de la Iglesia en el mundo y a la misión concreta de los cristianos.

            Jesús, ante la visión de un mundo maduro para la acción del Reino de Dios, parece tomar conciencia de lo exigua que podrá ser su acción y la de los Doce si no incorpora otros obreros para la siega mesiánica. A menudo la presencia definitiva de Dios en el mundo es comparada, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, con la obra de un segador que junta en gavillas a los hombres buenos y malos.

ENTRA EN TU INTERIOR

Lucas recoge en su evangelio un importante discurso de Jesús, dirigido no a los Doce sino a otro grupo numeroso de discípulos a los que envía para que colaboren con él en su proyecto del reino de Dios. Las palabras de Jesús constituyen una especie de carta fundacional donde sus seguidores han de alimentar su tarea evangelizadora. Subrayo algunas líneas maestras.

                        «Poneos en camino». Aunque lo olvidamos una y otra vez, la Iglesia está marcada por el envío de Jesús. Por eso es peligroso concebirla como una institución fundada para cuidar y desarrollar su propia religión. Responde mejor al deseo original de Jesús la imagen de un movimiento profético que camina por la historia según la lógica del envío: saliendo de sí misma, pensando en los demás, sirviendo al mundo la Buena Noticia de Dios. "La Iglesia no está ahí para ella misma, sino para la humanidad" (Benedicto XVI).

                        Por eso es hoy tan peligrosa la tentación de replegarnos sobre nuestros propios intereses, nuestro pasado, nuestras adquisiciones doctrinales, nuestras prácticas y costumbres. Más todavía, si lo hacemos endureciendo nuestra relación con el mundo. ¿Qué es una Iglesia rígida, anquilosada, encerrada en sí misma, sin profetas de Jesús ni portadores del Evangelio.

                        «Cuando entréis en un pueblo... curad a los enfermos y decid: está cerca de vosotros el reino de Dios». Ésta es la gran noticia: Dios está cerca de nosotros animándonos a hacer más humana la vida. Pero no basta afirmar una verdad para que sea atractiva y deseable. Es necesario            revisar nuestra actuación: ¿qué es lo que puede llevar hoy a las personas hacia el Evangelio? ¿cómo pueden captar a Dios como algo nuevo y bueno?

                        Seguramente, nos falta amor al mundo actual y no sabemos llegar al corazón del hombre y la mujer de hoy. No basta predicar sermones desde el altar. Hemos de aprender a escuchar más, acoger, curar la vida de los que sufren... Sólo así encontraremos palabras humildes y buenas que acerquen a ese Jesús cuya ternura insondable nos pone en contacto con Dios, el Padre Bueno de todos.

                        «Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa». La Buena Noticia de Jesús se comunica con respeto total, desde una actitud amistosa y fraterna, contagiando paz. Es un error pretender imponerla desde la superioridad, la amenaza o el resentimiento. Es antievangélico tratar sin amor a las personas sólo porque no aceptan nuestro mensaje. Pero, ¿cómo lo aceptarán si no se sienten comprendidos por quienes nos presentamos en nombre de Jesús?

            José Antonio Pagola

 
ORA EN TU INTERIOR
 
Señor, quiero seguirte, quiero seguirte como peregrino, ligero de equipaje, sé que tengo que despojarme de muchas cosas, sobre todo de aquello que puede obstaculizarme el anuncio del evangelio hoy. Soy consciente que el peregrino en camino tiene que ser un peregrino pobre, que pone en ti una confianza absoluta. ¿De qué cosas puedo pedir a tu Espíritu Santo que me libere porque son obstáculos para anunciar tu Reino?.
Explíquenos el Evangelio a los niños.
Imágenes proporcionadas por Catholic.net