miércoles, 17 de julio de 2013

21 DE JULIO: DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (C)


 

“Marta, Marta; andas inquieta y nerviosa con tantas cosas;

sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”

21 DE JULIO

XVI DOMINGO DEL TIEMPO PORDINARIO ©

1ª Lectura: Génesis 18,1-10a

Salmo 14: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

2ª Lectura: Colosenses 1,24-28

PALABRA DEL DÍA

Lucas 10,38-42

“En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: -Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano. Pero el Señor le contestó: -Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán”.

Versión para América Latina extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

“Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.

Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.

Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".

Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,

y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

REFLEXIÓN

            Los textos evangélicos de este domingo y de los siguientes tienen como eje la siguiente idea central: si por Jesús hemos recibido el don precioso de la vida nueva, es justo que empleemos todos los medios para conservar, preservar y aumentar ese don. La Vida es un tesoro, pero frágil, y muchos son los peligros que la acechan.

            El cristiano debe mantenerse en constante “vigilancia” interior para que su vida, su vida interior, no sucumba, sobre todo, bajo las preocupaciones diarias y el afán del lucro y riquezas.

            Hoy se nos presentan las figuras prototípicas de dos hermanas: Marta y María, cuyo hermano, Lázaro, anticiparía en su muerte y vuelta a la vida el gran misterio de Jesucristo.

            Marta y María son el caso concreto de muchas palabras que Jesús dijo sobre la importancia del reino y su justicia, sobre la actitud ante la palabra de dios y sobre la constante vigilancia del hombre en la vida.

            Marta vive desprevenida, atrapada entre sus cacharros, con la defensa descubierta. Ya no crece como mujer, ya no hay novedad alguna en su vida, constante rutina gris, interminable repetición de los mismos actos un día y otro. Es una mujer a la que se le han acabado las preguntas, los ideales y el afán de crecer.

            María, en cambio, vigila el don precioso de su vida y de su fe. Sabe que las preocupaciones diarias pueden ahogarla, cosificarla y embrutecerla. Como el vigía de la torre, mira, camina, se detiene, piensa y mantiene constantemente el arma en la mano.

            Por eso está a los pies del Señor: quiere aprender a ver la vida desde Dios, porque si Dios está realmente en su vida, la vida será Vida con mayúscula. Hará, quizá, lo mismo de siempre, pero con otro sentido; como persona será la dueña de sus actos, sabiendo cuándo tiene que perder algo para que no se pierda lo más importante.

            En María, prototipo del discípulo, se manifiesta perfectamente los sentimientos del salmo 130: “Desde lo más profundo grito hacia ti, señor. Estén atentos tus oídos a la voz de mi plegaria… Yo espero en Dios, mi corazón espera y estoy pendiente de su palabra. Mi corazón está pendiente del Señor más que el centinela de la aurora, porque con dios está el amor y junto a él hay abundante salvación…”

            Solo una cosa es necesaria: gozar la vida, con poco o con mucho. Es la única que tenemos; no hay segunda oportunidad. Ese es el lenguaje de este evangelio y para eso llega de improviso el Señor a nuestra casa: para que no estemos desprevenidos.

            Con gran claridad lo dice Jesús en el Evangelio de Lucas un poco más adelante: “No andéis tan preocupados por la comida o el vestido; no os obsesionéis tanto por eso… Buscad, más bien, el Reino, y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No temáis, pequeño rebaño, porque al Padre le ha parecido bien daros el Reino” (Lc 12,29-32).

 
ENTRA EN TU INTERIOR

NECESARIO Y URGENTE

Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes. María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda “sentada a los pies del Señor”. Su única preocupación es escucharle.

 El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano”. Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”.

 Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

 Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz.

Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

            Todos buscamos una sola cosa: vivir. Vivir consciente y plenamente. Vivir con dignidad, descubriendo desde la perspectiva de dios el sentido de nuestra existencia.

            Como dice san Pablo: “Dios ha querido dar a conocer a los suyos la riqueza que este misterio encierra… es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria”.

            Vivir con esta dimensión nueva supone en nosotros una constante vigilancia. La liturgia de hoy llama nuestra atención sobre este punto.

            Jesús entra en casa de sus amigos y se pone a dialogar con ellos. Una de las dos hermanas, Marta, no se para, sino que sigue centrada en sus cosas, con, la cabeza en mil sitios. María se pone a los pies de Jesús para aprender de él como discípula.

            Pero Jesús no le dice a Marta que lo que está haciendo esté mal, ella intenta prestarle el mejor de los servicios a un amigo.

Jesús nos urge a valorar lo que realmente es importante en la vida y a no  dejarnos ahogar por las preocupaciones.

ORACIÓN

            Señor, que nos has revelado por medio de Jesucristo tu mensaje completo, el misterio que has tenido escondo desde siglos y desde generaciones, haz que quienes lo hemos recibido en el corazón lo hagamos realidad en nuestra vida diaria.

Expliquemos el Evangelio a los niños

Imágenes proporcionadas por Catholic.net

           
 
 
 


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