viernes, 8 de febrero de 2013

SEMANA DE CENIZA


SEMANA DE CENIZA
La cuaresma comienza al son de trompetas. Todo el pueblo es convocado al ayuno en la Iglesia, asamblea santa. Al final de la cincuentena pascual, el profeta Joel anunciará la efusión del Espíritu sobre “toda carne” (Pentecostés). El ayuno de la cuaresma no es una práctica de penitencia individual, sino una larga celebración en la que la Iglesia convoca a los hombres para que dejen que el Espíritu renueve sus corazones. Entonces, del polvo de nuestras cenizas brotarán la vida y la fiesta.
            Hoy debemos partir, recuperar nuestros orígenes nómadas, tomar el camino de la vida. Camino de cruz, hecho de humildad, desprendimiento interior, justicia y amor al hombre. Camino por el que la Iglesia va a la búsqueda del Esposo que le ha sido arrebatado, en el silencio del desierto y la verdad del corazón. Pero la fe sabe que la cruz anuncia la resurrección y que ninguna noche se prolonga sin desembocar en la aurora pascual. Los pecadores ya están invitados a la mesa mesiánica por aquel que ha venido a llamar a los enfermos y no a los sanos.
            ¿No debería ser nuestro ayuno, en el sentido estricto del término, un “ayuno eucarístico”, un despojarse de todo para, al fin, gustar la alegría de la mesa de la reconciliación? Mesa en la que el Esposo nos da ya el nuevo vino de la fiesta. El cristiano, cuando hace penitencia, conoce la paz interior de la vida y del perdón y, si va al desierto, es porque allí puede Dios hablar a su corazón; pero en el silencio, y en esta ausencia, que es la única que puede abandonar nuestro deseo.
            ¡Es hermoso ayunar para ti, Dios, vida nuestra, y dejar que el hambre profundice en nosotros el deseo de un mayor amor!.
            Siguiendo a tu Hijo Jesús, iremos al desierto, y de nuestro despojo de cada día renacerá una humanidad nueva, fruto de la gracia y la pobreza.
            Bendito seas por la mesa del pan partido, donde son reconciliados los que se dan a ti sin  reservas. Y bendito sea el día en que tu Iglesia conozca con qué ternura la amas mientras camina por los duros senderos de la cruz.

 14 de Febrero
Jueves después de Ceniza
FIESTA DE SAN CIRILO Y SAN METODIO
PATRONOS DE EUROPA
PALABRA DEL DÍA
Lc 10,1-9
“Designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalia; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “está cerca de vosotros el reino de Dios”.
REFLEXIÓN
El relato de Lucas sobre el envío de setenta y dos discípulos a los pueblos de Galilea por parte de Jesús acentúa fuertemente el hecho de que aquel que los envía a llevar el anuncio del Reino es enviado a su vez por el Padre: «¡Poneos en camino! Mirad que os envío...» (v. 3). Dada su calidad de mensajeros, no deberán atraer la atención sobre ellos mismos, sino más bien llevar los corazones de aquellos a quienes se dirijan para abrirse y recibir a aquel que viene. De ahí que el discípulo experimentará en esta aventura su propia fragilidad y se encontrará asimismo en situaciones de peligro, como «corderos en medio de lobos» (v. 3). Deberá precaverse, por tanto, contra la tentación de dar un testimonio agresivo; ser como cordero en medio de lobos comporta más bien un estilo de acción dotado de paciencia, de mansedumbre, capaz de aceptar el rechazo y la persecución.

- Otra tentación que deberán superar los enviados es la de mezclar intereses personales con los del Reino. La invitación de Jesús a no saludar a nadie por el camino, o sea, a no aprovechar el viaje para visitar a parientes y amigos, es un modo paradójico de confirmar la prioridad absoluta del Reino. Un riesgo ulterior es el de la eficiencia: los mandatos de Jesús sobre la severa limitación del equipaje del evangelizador (vestido, bolsa, etc.) son una exhortación a que sean libres, sobrios, a que no antepongan los medios al fin (v. 4).

- Lucas recuerda a renglón seguido que la evangelización no incluye sólo la dimensión del don, sino que suscita también el intercambio («comed lo que os pongan»: v. 7). De este modo, entre el enviado y el que acoge el mensaje del Reino se crea una comunión, una reciprocidad, que figura en el origen de la vida de la comunidad. Una comunidad que tendrá sus primeros hogares en las casas de los creyentes.


ENTRA EN TU INTERIOR

Aquí, Jesús muestra la prioridad del Reino y de su causa y, por ello, envió a otros compañeros compartiendo la Misión a la que él mismo había venido. De ahí que el “poneos en camino” es un estilo y una actitud a vivir, aunque ello suponga una situación de peligro, como “corderos en medio de lobos” (v. 3), incluso con capacidad para aceptar el rechazo, o la posibilidad de vivir la persecución.

Además, es necesario tener claro que el que les envía a anunciar este Reino es Él: “Mirad que os envío...” (v. 3). El discípulo experimentará en esta aventura su propia fragilidad, o se encontrará en situaciones de peligro, pero sabe que está ahí porque ha sido enviado. Por lo tanto, así como el mismo Jesús tiene la conciencia de ser enviado por el Padre, así también el discípulo sabe que es enviado, compartiendo la Misión del Maestro.

Y aquí es donde me encuentro yo, nos encontramos nosotros. No lo puedo olvidar nunca; sería una insensatez, un sin-sentido. Más bien, tomar conciencia cada día, asumirlo y alimentarlo... ¡es NECESARIO, absolutamente necesario! Las dificultades ya se darán, por eso hay que afrontarlas desde esta clave y esta convicción. ¡Por favor, no lo olvidemos nunca, hermano/a!

ORA EN TU INTERIOR
“Señor Jesús, tú me envías  y me ofreces la posibilidad de compartir contigo la MISIÓN. Gracias por tu confianza. Lo ACEPTO, Señor. ¡Fortaléceme en la tarea!”.

15 de Febrero
Viernes después de Ceniza
PALABRA DEL DÍA
Mt 9,14-15
“En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?”. Jesús les dijo: “¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán”.
REFLEXIÓN
REFLEXIÓN
EL AYUNO QUE DIOS QUIERE.
Una pregunta malintencionada: “¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?”. Jesús, que había ayunado durante cuarenta días en el desierto, responde: “¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio mientras el novio está con ellos?”. No se estila ayunar en las bodas. Jesús es el novio de los esponsales de Dios con su nuevo pueblo y con la nueva humanidad de los tiempos mesiánicos, inaugurado por el reino de Dios en la persona de Cristo. “Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán”, concluye Jesús. Cuando les falte el novio –alusión probable a la muerte violenta de Jesús-, entonces ayunarán sus amigos y discípulos. Es decir, el sentido figurado del ayuno, sufrirán tristeza y desolación, dificultades y persecución por serle fieles en la misión recibida. Pero  a partir de Jesús, cumplido el tiempo de la espera, el ayuno no tendrá el mismo significado de antes.
No olvidemos que el ayuno que el Señor quiere es la conversión a él y al amor de los hermanos, es el ayuno del egoísmo, compartiendo con los demás lo que se tiene.
ENTRA EN TU INTERIOR
Aunque se haya mitigado el ayuno de alimentos, no se ha mitigado el ayuno del vicio y del pecado, de la soberbia y de la lujuria, de la obsesión de tener y gastar: San Agustín decía; “Para  ayunar de veras hay que abstenerse, antes de nada, de todo pecado”.
            Y de acuerdo con el precioso texto del profeta Isaías que nos ofrece la liturgia hoy, no olvidemos un vicio del que hemos de ayunar siempre, y más en Cuaresma: la fiebre del consumismo. Porque es una bofetada a tantos hermanos y hermanas nuestros que padecen necesidad.
            “El ayuno que Dios quiere es este: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne”
ORA EN TU INTERIOR
                Gracias, Padre, por este tiempo de conversión, de cambio. Te bendecimos por Cristo, en quién brilla la esperanza. Te alabamos por el Espíritu que viene a renovarnos en santidad.
            Haz, Señor, que comprendamos que el ayuno que a ti te gusta es compartir lo nuestro con los hermanos que pasan necesidad.
ORACIÓN FINAL
            Te pedimos por los que malogran su vida amontonando cosas: que descubran el valor de la pobreza, que sean capaces de cambiar el deseo de poseer, de tener, por el anhelo de compartir. Te encomendamos a los que carecen aún de lo necesario para vivir con dignidad, que encuentren la ayuda de una mano generosa. Amén.


16 de Febrero
Sábado después de Ceniza
PALABRA DEL DÍA
Lc 5,27-32
“En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: “¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?”. Jesús les explicó: “No necesitan médicos los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”.
REFLEXIÓN
                Muy de acuerdo con el pensamiento profético, Jesús desconfía de una religión que coloca el acento en el culto.
            Porque un culto vacío no sirve de nada. Jesús coloca el acento en la misericordia, interpretada como una señal de acogida para los pecadores. Con su lenguaje, casi permanentemente paradójico, Jesús elige a los pecadores y rechaza a los justos, como si se empeñara en escandalizar nuestra sensibilidad.
            Aunque el concepto de justo para nosotros no es el mismo que el de Jesús.
            Nos llama la atención en primer lugar que son los pecadores los privilegiados en el Reino de Dios. Es Leví, un pecador público, vendido al poder extranjero y extorsionador de su propio pueblo, quien es llamado para formar parte del grupo apostólico. Y son pecadores los que se sientan a la mesa con Jesús.
            Pero estos pecadores no se trata de personas que han cometido tal o cual pecado, sino de personas que viven al margen de las prácticas religiosas reconocidas    por
los escribas y fariseos, son los que desafían a la institución religiosa, mereciendo, por lo tanto, su condenación.
            Esta situación los predispone a revisar su vida con más libertad, viéndose a sí mismos en cuanto personas y no como meros miembros de una institución religiosa.
            Si no nos reconocemos como pecadores, podremos pertenecer a una institución religiosa, pero no al reino anunciado por Jesús.
            Declararnos pecadores ante Dios es, simplemente, presentarnos ante él tal cual somos. Aunque pertenezcamos formalmente a la Iglesia por el bautismo, no consideremos ese lazo jurídico como un salvavidas o un certificado de buena conducta.
            Jesús no sólo llama a los pecadores a su mesa, sino que deja a un lado a los justos. Llama irónicamente justos a los que cumplían estrictamente los mandatos de la institución religiosa, creyendo, por eso mismo, que su salvación estaba asegurada y que Dios debía sentirse obligado a compensar sus buenos servicios.
            Jesús, en el llamado que hace a Leví, el futuro apóstol Mateo, manifiesta, una vez más, la coherencia de ese Dios fiel a sí mismo y al hombre. En la alianza definitiva de amor de Dios por el hombre, sellada en la sangre de Cristo en la cruz y todavía más en su resurrección quedó de manifiesto la decisión irrevocablemente amorosa del Padre por salvar al hombre, esto explica la afirmación de Jesús: No he venido a salvar a los justos sino a los pecadores.
            Todos quedamos incluidos en esta categoría de pecadores, puesto que ninguno de nosotros podemos alcanzar la salvación por méritos propios. Así que todos somos llamados como Leví a seguir a Jesús, es decir a convertirnos  en discípulos para aprender a vivir como hijos de Dios.
            Esto es lo que nos hace darnos cuenta que el culto, el ayuno, la misericordia que Dios quiere es otra cosa.
            En este aprendizaje de discípulos, tiene mucho que ver el trato permanente de Dios que nos permite el conocimiento que él quiere que tengamos de él. Este conocimiento no es meramente conceptual, no se trata de saber mucho sobre Dios, sino de vivir a Dios en la persona de su Hijo Jesucristo, con su mismo sentir y su mismo pensar.
            Cuando llegamos a un conocimiento auténtico de Dios es cuando empezamos a pensar como él piensa, a sentir como él siente, a hablar como él habla, a amar como él ama.
ENTRA EN TU INTERIOR
            “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”. Frase que los Fariseos, enfermos terminales de orgullo, autosuficiencia y desprecio de los demás, no debieron entender como dicha también para ellos. En todo caso, las afirmaciones de Jesús sobre la preferencia por los pecadores y marginados de la salvación, como en la parábola de la oveja perdida, no excluyen la atención y el amor a los demás, a todo el que con sinceridad de corazón busca y sigue a Dios, si bien entre cansancio y esperanzas, como hombres y mujeres débiles que son y somos todos.
            Jesús provocó intencionadamente el escándalo de los puritanos tomando partido por “las ovejas perdidas de la casa de Israel”, para dejar patente la misericordia de Dios, que incita a la conversión, acoge y perdona al pecador, es decir, a todos los hombres, a todos nosotros.
            En la última cena, Jesús lavará los pies de los pecadores. Enviado por Dios, sabe muy bien que el mal no cicatriza al instante,  y que los discípulos le negaron apenas terminada la cena. Pero también sabe muy bien que la salvación del hombre está en el amor. Y el amor sólo existe si se comparte la condición del otro, hasta darle una confianza sin medida. Y precisamente esto es lo que los judíos nunca podrán comprender. Jamás aceptarán comer con los pecadores… entonces, ¿para qué van a la mesa del Señor?
ORA EN TU INTERIOR
                Tú que sigues viniendo a llamar a los pecadores, líbranos de nuestra suficiencia, abre nuestros ojos al mal que nos roe.
¡Señor, ten piedad!.
            Tú pones la mesa del perdón y nosotros nos obstinamos en justificar nuestra conducta.
¡Señor ten piedad!
“NO TIENEN NECESIDAD DE MÉDICO LOS SANOS, SINO LOS ENFERMOS”
                Mira, somos publicanos y pecadores, pero tu amor nos ha seducido. Queremos vivir contigo.
            ¡Señor ten piedad!
            Dios santo, amor que no falla, mira nuestro egoísmo y nuestra pereza: ¡perdónanos y danos tu espíritu! Dios perfecto, misericordia infinita, mira nuestras divisiones y rencores: ¡sosiéganos y danos tu espíritu!
Dios vivo, Palabra de fuego en el corazón del hombre, mira nuestra oración que te implora: ¡santifícanos y danos tu espíritu!
ORACIÓN FINAL
En este día tú me llamas también a mí personalmente. Quiero mejorar en esta cuaresma, quiero soltar lastre para seguirte con absoluta disponibilidad y alegría. Ábreme, Señor, los ojos para no excusar mi conducta y enséñame el camino para que siga tu verdad lealmente. Amén.

       

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