sábado, 8 de diciembre de 2012

SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO (C)



10 DE DICIEMBRE

LUNES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

PALABRA DEL DÍA

Lucas 5,17-26

 “Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: -“Hombre, tus pecados están perdonados.” Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: -“¿Quién es éste que dice blasfemia? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?” Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: -“¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir “tus pecados quedan perdonados”, o decir “levántate y anda? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados –dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.” Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: “Hoy hemos visto cosas admirables”.

REFLEXIÓN

Es curioso, que al enfermo que viene pidiendo curación, Jesús le diga: “Tus pecados están perdonados” Pero más curiosos y escandalizados, se debieron sentir los fariseos y maestros de la ley que estaban allí.
El hecho de que el paralítico cogiera su camilla y se fuera a su casa, bendiciendo a Dios, es signo de que sus pecados habían sido perdonados. Para la mentalidad judía, toda enfermedad era fruto del pecado personal o heredado de los padres.
Jesús cura perdonando, y perdona curando. La escena es un relato de manifestación divina. Jesús es Dios, se revela como Dios, pero como el Dios que perdona, que tiene poder para perdonar, porque para eso vino, no para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él.
Jesús se auto revela como Dios que tiene poder para perdonar pecados, esa potestad la trasmitió el Señor resucitado a su Iglesia cuando dijo a los apóstoles: “Recibid el espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,22s). La comunidad eclesial es la depositaria y mensajera del perdón de Dios para el hombre pecador; función que ejerce en el sacramento de la reconciliación o penitencia. Anunciar el perdón de los pecados en un mundo secularizado como el nuestro, que parece haber perdido la conciencia del pecado, es constatar la existencia del mismo y la necesidad que el hombre tiene de ser perdonado, salvado y regenerado.

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

Una comunidad que se presenta como reconciliadora y como signo del perdón de Dios debe estar primero reconciliada con ella misma, sus miembros entre sí y todos con Dios. Desgraciadamente el pecado es una realidad siempre posible en la Iglesia, comunidad santificada por el Señor, pero compuesta de hombres y mujeres que fallan muchas veces.
Por eso debemos ser una comunidad de conversión continua  y de perdón fraterno ilimitado, hasta setenta veces siete. El perdón de Dios se supedita al que nosotros otorgamos a los demás, como dijo también Jesús en la parábola del deudor insolvente y despiadado: “¿No debías tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti”? (Mt 18,33).
ORACIÓN
Gracias, Señor, porque estoy viendo tus maravillas, tu misericordia, tu perdón. Gracias porque estoy experimentando, que tú no quieres la muerte del pecador sino que cambie de conducta para que viva. Gracias, porque sé, que no has venido a condenar sino a salvar, a dar la vida en rescate por todos.
Quiero reconciliarme contigo, Señor. Quiero reconciliarme con mis hermanos. Te doy gracias, porque me lo pones en bandeja, porque al ofrecerme tu perdón, me das la oportunidad de perdonar, no una, sino setenta veces siete. Amén

11 DE DICIEMBRE

MARTES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO

PALABRA DEL DÍA

Mateo 18,12-14

“Nuestro Padre del cielo; no quiere que se pierda

Ninguno de estos pequeños”

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-“¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja Las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”.

REFLEXIÓN

            “Como un pastor apacienta el rebaño”. La imagen del pastor, frecuente en la biblia, evoca la persona de Jacob caminando al paso de las ovejas. En esta imagen se había inspirado el profeta Ezequiel para estigmatizar a los jefes de Israel que desatendían el gobierno del pueblo, en lugar de poner a su servicio sus competencias (Ez. 34). El profeta anunciaba también que Dios mismo vendría a ponerse al frente del rebaño y buscaría la oveja descarriada en los lugares altos de los cultos paganos.
En Dios fuerza, poder y cariño, van juntos. Dios es el Dios de la ternura. Es la ternura que sale en busca de la oveja perdida.
Para Dios todos somos importantes, todos somos amados, no importa que nos perdamos a veces, somos alguien importante para él.
Ese Dios grande y poderoso que podemos contemplar en el A.T., en zarza que arde sin consumirse, en columna de fuego, en mar que se abre, es al mismo tiempo el Dios de la ternura, de la misericordia y de la compasión, el que no margina ni rechaza a nadie, como los fariseos y letrados, en el fondo el motivo de esta parábola, más claro en Lucas: “Al ver los fariseos y letrados que los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo, murmuraban entre ellos: Este acoge a los pecadores y como con ellos” (Lc 15,2ss).
Pero precisamente para ellos vino: “No necesitan médicos los sanos sino los enfermos”.
ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR
            Creo, Señor, que nunca he sido consciente de tu ternura, creo que nunca he sido consciente de qué aún caminando por cañadas oscuras, perdido y desesperado, tú sales en mi busca. ¿Por qué no he descubierto antes que tú no quieres que me pierda? ¿Por qué no he descubierto antes la alegría que tú sientes cuando me arrepiento?
La verdad es, que si llego a descubrir tu ternura, tu misericordia, me habría perdido intencionadamente, para experimentar como sales en mi busca, me encuentras y me cargas amorosamente sobre tus hombros.
ORA EN TU INTERIOR
            “Consolad a mi pueblo, dice Dios”. Sí, Señor, tú consuelas a tu pueblo. ¿Me he parado a pensar en tu ternura? Tú no quieres que uno solo de tus humildes se pierda; como un pastor apacientas tu rebaño. La Escritura nunca dejó de expresar lo inexpresable, tu ternura, maravillosamente unida a tu poder. Sí, Señor, ahora sé que el Dios que viene y que alza victorioso su callado, es también el Pastor que lleva en brazos los corderos y cuida las ovejas.
ORACIÓN
            Sí, Padre, te alabo, te bendigo, te doy gracias, mis labios cantan las maravillas que haces en mí. Tú cuidas de la tierra, tú llenas los abismos que separan a los hombres, tú trazas y abres caminos, los caminos que llevan a la vida, en este laberinto de soledades en el que estamos. Abre tu mano, Señor, y sácianos de tus favores. Amé

12 DE DICIEMBRE
MIÉRCOLES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO
PALABRA DEL DÍA
Mateo 11,28-30


“En aquel tiempo, exclamó Jesús:
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón,
y  encontraréis vuestro descanso.
Porque mi yugo es llevadero
y mi carga ligera.”

REFLEXIÓN
            “El da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del débil”. Nos recuerda el profeta Isaías en la primera lectura. Y haciendo eco al profeta, Jesús habla para todos los que están alejados de Dios. Los escribas, al haber hecho extremadamente pesada la ley del Sinaí, prácticamente habían alejado de ella a la gente sencilla, que ya no podía encontrarse a sí misma. Jesús va a lo esencial, y descarga de obligaciones inútiles a los humildes. Su mandamiento es sencillo y, por tanto, la carga que resulta de él es ligera.
El alcance de la invitación evangélica de hoy por Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados”, se extiende también más allá del cumplimiento de su ley moral. Cansados y agobiados son todos los que sufren en la vida por cualquier causa, es decir, somos todos.
Es necesario a veces hacer un alto en el camino y tomarse un tiempo de descanso en el trabajo diario que nos agobia.

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

            Me gustaría, Señor, cargar con tu yugo suave y experimentar la ligereza de tu carga para poder ir a ti. Ciertamente estoy cansado, agobiado, pero ¿de qué? ¿de quién? No sé, Señor, no sé.
Pero porque tu yugo es llevadero y tu carga ligera, acudo a ti con el corazón abierto a la esperanza para que me colmes de gracia y de ternura, porque hoy más que nunca, necesito tu aliento y consuelo.
Quiero percibir, Señor, el dolor de los demás, los sufrimientos de los demás, para que me pesen menos mis propios dolores y sufrimientos. Ven, Señor, para aquellos que sufren, para los cansados, los agobiados, los doblados y vencidos por la vida, para los desesperanzados y descorazonados por el peso de las cargas, para los alejados de ti por el pecado. ¡Ven, Señor Jesús!

ORACIÓN

            Por los hombres aplastados por el peso de su miseria, ven, Jesús, manso y humilde de corazón.
Por los hombres desanimados por el peso de la ley, ven, Mesías de los humildes y los sencillos.
Por los hombres alejados de Dios por despecho y hastío, ven, Jesús, rostro del  Padre. Amé.

13 DE DICIEMBRE
JUEVES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO
PALABRA DEL DÍA
Mateo 11,11-15
“El más grande de los nacidos de mujer….”
 
“Dijo Jesús a la gente: “Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan, él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche”.

REFLEXIÓN

            El santo de Israel, el Dios de la ternura, repatriará a los israelitas desde la cautividad babilónica. Para eso obrará maravillas a favor de su pueblo, convirtiendo el desierto en vergel y la estepa en manantial, donde podrán beber hasta saciarse los pobres e indigentes. También en el desierto se alzó la voz de Juan, el precursor inmediato del mesías.
            La figura señera del Bautista comienza hoy a cobrar relieve en el paisaje expectante del adviento, hasta el punto de que será central en el evangelio diario desde hoy hasta el día 16 de diciembre inclusive. Comienza la etapa del Precursor, a quien sigue acompañando hasta ese día en la primera lectura otra figura del adviento: Isaías. Ambos profetas encarnan la espera del adviento precristiano.
            Pero la personalidad del Bautista –en el umbral mismo del Nuevo Testamento, aunque sin traspasarlo- es tan acusada que merece mención especial de Jesús: “Os aseguro que no ha nacido de mujer otro más grande que Juan el bautista”. Y luego añade: “Aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.
            “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia y los esforzados se apoderarán de él”. Esta frase enigmática, difícil de entender, recuerda a Miqueas 2,13: “El que abre camino subirá delante de ellos; lo abrirá, traspasarán la puerta y saldrán por ella; su rey pasará delante de ellos, Yahvé a su cabeza” Jesús es el rey-mesías, y los que se adhieren a él se apoderarán del reino por la fuerza.
            El Reino de los cielos sufre violencia… ¿Habrá sido para escapar a la rudeza de estas palabras evangélicas por lo que siglos enteros de insipidez espiritual han venido dándole una interpretación exclusivamente moral?... Para entrar en el reino hay que hacer muchos sacrificios… ¡sacrificios morales, interiores, ascéticos! La interpretación se queda un poco corta.

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

            En Isaías leemos: “Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed”. ¿No es un escándalo que la violencia de la fe sea tan lenta en socorrerlos? Porque el reino de Dios no es un salón destinado a almas piadosas; es un desierto a través del cual marcha Dios a la cabeza de los desterrados para conducirles a la libertad. ¡Qué violencia hay en él! ¿Y qué fuerza no comunica a su pueblo, insignificante “gusanito”, del que ha hecho un afilado rastrillo con el que triturar los montes y reducir las colinas a paja menuda? Dios se llama a sí mismo “redentor”, y ese título suena a anuncio de combate
            El combate de Dios que transforma el desierto en jardín frondoso… Combate del hombre, en nombre de Dios, que transforma la indigencia del pobre en dignidad humana. Quizá en esto consista esa “violencia del reino”… Pues, si es cierto que “el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que el mayor de los profetas”, ¿no es cierto también que la dignidad que el hombre tiene a los ojos de Dios nos llama al combate del amor? ¡De un amor que nada tiene de dulzón!

ORA EN TU INTERIOR

            La violencia del reino en su lucha contra las fuerzas del mal tampoco es una guerra fuera de nuestras fronteras personales, más bien la batalla tiene lugar primeramente dentro de cada uno de nosotros. El apóstol Pablo lo constata dramáticamente: “El bien que quiero hacer, no lo hago; y el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago… Percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este ser mío, presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias” (Rom 7,21ss)

ORACIÓN

            Nos alegra, Señor, el saber que eres Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, pero también comprometido a fondo con tu pueblo oprimido.
            Hoy te pedimos por los sedientos de vida y dignidad, y por los profetas que luchan en pro de la esperanza; aumenta su fe valiente y fortalece la nuestra vacilante, apremiándonos con el ansia de tu amor y tu justicia.
            Danos la fuerza y energía del Reino para entrar en él, el talante de los esforzados que se comprometen a fondo. Así avanzaremos decididos por el camino de la conversión que tú esperas de nosotros en este tiempo de adviento.

14 DE DICIEMBRE
VIERNES DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO
PALABRA DEL DÍA
Mateo 11,16-19
…”los hechos dan la razón a la sabiduría de Dios”

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
-“¿A quién se parece esta generación?
Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.”
Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ·Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.”
Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.”

REFLEXIÓN

A cada día le basta su inquietud. Hoy duelo; mañana boda. No se puede bailar de la mañana a la noche; hay un tiempo para tocar la flauta y un tiempo para darse golpes de pecho. Un tiempo para el profeta del desierto y un tiempo para beber el vino de la fiesta. Cada día es una invitación de Dios, y su palabra es lo bastante rica para alimentar las horas de las lágrimas y las horas de la risa. Pero, debido a nuestro invencible espíritu de contradicción lo perdemos todo.
No podemos conformarnos con lo mismo, la ley del mínimo esfuerzo no vale, la ambigüedad en la cuerda floja, queriendo contentar a Dios y al mundo es la mejor manera de fracasar.
Necesitamos sacudirnos la confortable seguridad de la ambigüedad hipócrita para que, bajo el soplo del Espíritu, experimentemos en el Adviento la aventura de Dios, su llamada a la conversión, la urgencia cristiana de lo nuevo y del amor que se inaugura.

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

Señor, tú eres el que debes venir. Yo te he buscado donde no estabas, pues quería otros signos. Pero hoy ya sé que es tu palabra la que me arrastra cada vez que me perturba y me llama a la aventura siempre nueva que acabará solo con el fin de los tiempos.
Quiero abrirme a tu gracia, y con espíritu generoso, colaborar contigo en la construcción de un mundo más humano y más fraterno.
Hoy mi oración a ti, Padre, comienza con una humilde confesión: soy sordo a tu voz, ciego a tu luz e impermeable a tu Espíritu de amor. Y lo peor es que todavía me justifico con pretextos.
Ven, Señor, a curarme de la hipócrita ambigüedad que malogra y arruina mi seguimiento de Cristo. Enséñame hoy a vivir y juzgar según tu sabiduría para evitar el capricho infantil de los descontentos.
Para vencer mi rutina, hazme experimentar la urgencia de una decidida conversión a tu Reino. Así no frustro tu designio sobre mí.

ORACIÓN

Padre Santo, déjame alimentarme con los manjares de amor que Jesús nos trae. Seré después su testigo. Repartiré amor a manos llenas. Donde haya odio, discordia, división, pondré amor. Donde haya indiferencia, frialdad, pasividad, encenderé hogueras de caridad con tu gracia. Amén.

15 DE DICIEMBRE
SÁBADO DE LA SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO
PALABRA DEL DÍA
Mateo 17,10-13

 

“…el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos…”
“Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús:
-“¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?”
Él les contestó:
-“Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.”
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan, el Bautista”.

REFLEXIÓN

Están bajando del monte de la transfiguración, los discípulos preguntan a Jesús, como tantas veces, y Jesús responde, como tantas veces: “Elías ya vino y no lo reconocieron…” Así también el Hijo del hombre va a padecer a mano de ellos. Entonces se dieron cuenta que se refería a Juan.
La palabra de hoy es una lección para nosotros. El Adviento nos prepara a la venida de Jesús; nuestra espera es corta, comparada con la expectación mesiánica del pueblo de Dios, que no lo reconocieron cuando vino a ellos: “Vino a su casa y los suyos no lo recibieron” (Jn 1,11).
También hoy viene por medio de sus ·profetas”. Son los hombres y mujeres, que poseídos del Espíritu de Dios, aman a los hermanos, sirven a la renovación y al rejuvenecimiento del pueblo de Dios y viven consumidos por el hambre y la sed de justicia y fraternidad entre los hombres.
En la vida de Elías no hay más que fuego. Su palabra quema como una antorcha; hace descender el fuego del cielo y es llevado a él en un carro tirado por corceles de fuego. Un día dirá Jesús: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!”. Arderá, ¡pero con el fuego del amor llevado hasta el extremo! La pasión por Dios se trocará en pasión del Hijo del hombre, crucificado.

ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR

No hay, Señor, más fuego que el del amor. Pero debo guardarme de apagar su ardor llamando amor a lo que no es sino tibieza. Aquí tengo a un rey que dice a una muchacha: “Pídeme lo que quieras y te lo daré…” Y aquí tengo también a un hombre que dice a Dios: “No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú…” ¡Cuando el amor se convierte en debilidad y cobardía, el fuego está a punto de extinguirse! Pero el amor renace cuando un hombre se entrega a Dios con una voluntad que purifica todas las cosas en el fuego de la pasión. Quiero ser, Señor, con tu ayuda, un apasionado.

ORA EN TU INTERIOR

Reconozco, Señor, que no sé mirar con tus ojos los hechos de la vida, la historia y los acontecimientos. Ayúdame a descubrirte a ti y tu querer divino en todo, para que no te trate conforme a mi antojo.
Pon, Señor, en mis labios la verdad de tu palabra; y enciende en mi corazón el fuego de la pasión con que Cristo entregó su vida por amor a mí para enseñarme lo que cuesta amar con sinceridad.
Despiértame, Señor, para que cuando llegue Cristo me encuentre velando en oración y cantando tu alabanza.

ORACIÓN

Pon, Señor, en mis labios una palabra de verdad, fiel hasta el final. 
Pon en mi corazón el fuego de la pasión con la que tu Hijo Jesús entregó su vida para hacerme saber el nombre y el precio del amor. Amén.

lunes, 3 de diciembre de 2012

9 DE DICIEMBRE: SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (C)


“Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor…”

9 DE DICIEMBRE
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

1ª Lectura: Baruc 5,1-9
Salmo 125: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”
2ª Lectura: Filipenses 1,4-11

PALABRA DEL DÍA
Lucas 3,1-6
 “En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisardo virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos, elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”.
Versión para Latinoamérica extraída de la biblia del Pueblo de Dios
“…Y todos verán la salvación de Dios”
 
El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene,
bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.
Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados,
como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos.
Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.
REFLEXIÓN
            No sabemos ni cuándo ni cómo fue. Un día, un sacerdote rural llamado Juan abandonó sus obligaciones del templo, se alejó de Jerusalén y se adentró en el desierto de las inmediaciones del Jordán, buscando silencio y soledad para escuchar a Dios.
            No llegaban hasta allí las intrigas de Pilato ni las maquinaciones de Antipas. No se oía el ruido del templo ni los negocios de los terratenientes de Galilea. Según Isaías, el “desierto” es el mejor lugar para abrirse a Dios e iniciar la conversión. Según el profeta Oseas, es en el “desierto” donde Dios “habla al corazón”. ¿Es posible escuchar hoy a este Dios del “desierto”?.
            En el “desierto” solo se vive de lo esencial. No hay lugar para lo superfluo; se escucha la verdad de Dios mejor que en los centros comerciales. Tampoco hay sitio para la complacencia y el autoengaño: casi siempre el “desierto” acerca a Dios más que el templo.
            Cuando la voz de Dios viene del “desierto”, no nos llega distorsionada por intereses económicos, políticos o religiosos. Es una voz limpia y clara que nos habla de lo esencial, no de nuestras disputas, intrigas y estrategias.
            Lo esencial siempre consiste en pocas cosas, solo las necesarias. Así es el mensaje de Juan: “Poneos ante Dios y reconoced cada uno vuestro pecado. Sospechad de vuestra inocencia. Id a la raíz”. Todos somos de alguna manera cómplices de las injusticias y egoísmos que hay entre nosotros. Todos y cada uno de los creyentes tenemos algo que ver con la infidelidad de la Iglesia al Evangelio.

            En el “desierto”, lo decisivo es cuidar la vida. Así proclama el Bautista: “Convertíos a Dios. Lavaos de vuestra malicia y comenzad a reconstruir la vida de manera diferente, tal como la quiere él”. Es nuestra primera responsabilidad. Si yo no cambio, ¿qué estoy aportando a la transformación de la sociedad? Si yo no me convierto al Evangelio, ¿cómo estoy contribuyendo a la conversión de la Iglesia actual?.
            En medio de la agitación, el ruido, la información y difusión constante de mensajes, ¿quién escuchará la “voz del desierto”?, ¿quién nos hablará de lo esencial?, ¿quién abrirá caminos a Dios en este mundo? .
ENTRA Y ORA EN TU INTERIOR
EN EL MARCO DEL DESIERTO
            Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.
            Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que “la palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto”, no en la roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.
           En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.
            Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del “Bautismo”, punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.
            ¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: “Preparad el camino del Señor”. Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.
            Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un “bautismo de conversión”.
José Antonio Pagola
 
            Juan recibió la palabra de Dios y ya no pudo callar. La palabra se convirtió en él en grito poderoso: “Una voz grita”. No es que Juan grite, sino que es la voz que grita; ese grito es su identidad. “Tú quién eres”… Yo soy la voz que grita…” La razón de ser de Juan está en esa voz y en ese grito. Grita con la palabra, grita con los gestos, como el bautismo, grita con su comportamiento y su vida, gritará también con su sangre y su muerte.
            La voz de Juan, la voz-Juan, se multiplica en el desierto y en el río exigiendo la conversión, el cambio radical de actitudes; hablará de justicia, de respeto, de caridad. Pero todo su grito podría concentrarse en una sola palabra: Cristo. Todo lo que dice y todo lo que hace es por Cristo y para Cristo. No es un profeta más. La novedad y la grandeza de Juan están en que grita a Cristo, en que anuncia su proximidad, en que levanta la esperanza del Mesías.

 
ORA EN TU INTERIOR
            “Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale”: Nos torcemos cuando nos desviamos de la verdad, cuando vivimos en la mentira, cuando nos dejamos seducir por los halagos del placer o del consumismo. Nos torcemos por el vicio y el engaño. Hay que enderezar nuestros caminos, vivir en la verdad, ser sinceros, transparentes. Hay que evitar los engaños de la seducción, que nos desvían más. Sólo los limpios de corazón verán a Dios.
  • Que se eleven los baches del subdesarrollo y la pobreza.
  • Que desciendan los montes de la injusticia y el egoísmo.
  • Que se enderecen las curvas de la mentira, las marginaciones y los prejuicios.
  • Que se allanen los senderos de la relación entre los hombres.
  • Que se superen los peligros del odio y la violencia, y se limpien de rencores y desencuentros.
  • Que se igualen y suavicen todos los caminos de los hombres.
ORACIÓN
            “Y todos verán la salvación de Dios”. Ver bíblicamente es lo mismo que acoger y participar. Si los caminos se allanan, tú salvación, Señor Dios, llegará hasta nosotros y nos regalará su gracia y su amor. Tú vienes siempre por los caminos rectos de la humildad, de la paz, de la pobreza y del amor.
            Tu salvación Señor, es Cristo, tu Hijo. Si nos abrimos a él, nos inundará la salvación y la paz. Si le escuchamos, si le aceptamos, si le amamos, el Mesías nos amará y entrará en nuestra casa y cenará con nosotros, y ya se quedará con nosotros para siempre. AMEN.
Expliquemos el evangelio a los niños


Imágenes proporcionadas por Catholic.net