lunes, 12 de noviembre de 2012

25 DE NOVIEMBRE: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO


“Todo el que es de la verdad escucha mi voz”

25 DE NOVIEMBRE

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

ÚLTIMO DOMINGO DEL AÑO LITÚRGICO

1ª Lectura: Daniel 7,13-14

Salmo 92: “El Señor reina, vestido de majestad”

2ª Lectura: Apocalipsis 1,5-8

LECTURA DEL DÍA

Juan 18,33-37

“En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le contestó: -¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato le contestó: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Pilato le dijo: -Con que, ¿tú eres rey? Jesús le contestó: -Tú lo dices: soy rey. Yo para eso he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”.
 


Versión para Latinoamérica extraída de la biblia del Pueblo de Dios





“Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?".
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?".
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?".
Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí".
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz".

 
REFLEXIÓN

            Hoy es el último domingo del año litúrgico. El próximo domingo empezaremos un nuevo año con el tiempo de Adviento, marcado con un sello extraordinario, “el Año de la Fe”. Y para terminar el presente año, hoy, hacemos una conmemoración especial con la “Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo”.
            De hecho, la fiesta de hoy es como una especie de resumen: con una afirmación y un deseo. La afirmación consiste en decirnos que nos hemos reunido en comunidad cada domingo a lo largo del año, y que Jesús ha sido el centro de todas nuestras celebraciones, y es el centro de la vida de nuestra comunidad. Y el deseo es para decirnos hoy que debemos darle a Jesús más terreno en nuestra vida y en nuestro corazón, para que cada día pueda iluminar más y mejor todos los rincones de nuestra persona y de nuestra comunidad. Decirle a Jesús que le debemos dar más terreno en nuestra vida quiere decir sencillamente que queremos que él mande, que él gobierne más nuestra vida. Y decirle que tiene que gobernar, utilizando una metáfora de nuestro mundo, quiere decir que debería ser nuestro único rey.
Lo que nos pasa, a veces, es que tenemos la tentación de creer que Jesús nos gobernaría mejor si, en vez de tenerlo en nosotros, nos mandase desde fuera. Es como pensar que, si la sociedad en la que vivimos fuese mucho más cristiana, lo tendríamos más fácil. ¿Cuántas veces hemos pensado que nuestra fe depende de nuestro contexto social o político? Esta tentación nuestra, también la tuvo Jesús. Recordad que esta tentación de poder y dominio del mundo, externamente, es la que mejor resume las tres tentaciones que tuvo Jesús en el desierto, al inicio de su vida pública, antes del bautismo de Juan en el Jordán. Y, de hecho, es una tentación que acompaña a Jesús durante toda su vida pública, cada vez que la multitud le sigue sólo por lo que consigue de él, desde la multiplicación de los panes hasta los innumerables milagros, y siempre es para hacerle rey o para creer en él como rey.
            Ni al final de su vida, se escapa Jesús de esta pretensión. De hecho, el pueblo de Israel, en tiempo de Jesús, vivía bajo la ocupación romana y esperaba que alguien, en nombre de Dios, como Mesías, le salvase de esta dominación y lo librase, lo condujese hacia una etapa de soberanía y así volviesen a la época de máximo esplendor de Israel, la del gobierno del rey David. La esperanza mesiánica del pueblo de Israel pasada, pues, por la restauración de la monarquía, y no sólo esperaban al Mesías, sino que esperaban también al Rey de Israel. Por eso la pregunta de Pilato a Jesús no es, ni mucho menos, inocente, sino que tiene una gran carga política. ¡Pilato es la última tentación de Cristo! Pero esta tentación aun persiste entre nosotros.
 
Confundir a Jesús con los poderes y los reinos de este mundo ha sido algo habitual en nuestra historia, tanto la eclesial como la historia de la humanidad. Y aun lo es, por culpa de nuestra eterna tentación de poder. Por eso Jesús nos ha dicho hoy en el evangelio que su reinado “no es de este mundo”. Por lo tanto, dicho esto, no podemos organizar la comunidad de Jesús como si se tratase de un reino terrenal. Así como tampoco podemos usar el mensaje de Jesús como si se tratara de un programa más al organizar los reinos de este mundo. Se nos reclama equilibrio. Mucho equilibrio. El mismo que tuvo Jesús. No podemos hacer de Jesús un rey como los reyes terrenales. Ni tampoco podemos hacerle rey sin relación con el mundo. Jesús no debe  reinar en la tierra, como hacen nuestros reyes y gobernantes, sino que debe reinar claramente en nosotros, que es donde se cuecen las verdades.
            Jesús no quiere gobernar por la fuerza, por eso no tiene ejército alguno, quiere gobernar desde el servicio y desde el trono de la cruz, por eso se presenta “como el testigo de la verdad”, para que le obedezcamos, no por la fuerza, sino por el convencimiento, por la “verdad” o porque “escuchamos su voz”. Es así como Jesús quiere entrar en nuestras vidas. 
ENTRA EN TU INTERIOR

EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD
            Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.
            Precisamente, Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan. “Mi reino no es de este mundo”. Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo. Pero añade a continuación algo muy importante: “Soy rey… y he venido al mundo para ser testigo de la verdad”.
            Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como tiberio sino a ser “testigo de la verdad” introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

            Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: “Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.
            Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. ¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el “testigo de la Verdad”? ¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús? ¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza? ¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?
 
José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR


 
 
            ¡Qué diferente ha de verse la realidad desde un trono y desde una cruz! El trono de Jesús fue la cruz. Vivió tan adentro de la historia, tan en el fondo de ella, que terminó donde terminaban los esclavos y los malditos. En una cruz. Y, desde entonces, será desde ese trono-cruz desde donde gobernará e impartirá justicia. Será su gobierno el de la paz, y su justicia será la del amor sin medida. ¿cabe un reino más universal.
            Es, desde entonces, cuando todos los “crucificados” de la historia podrán mirarlo y reconocerse en Él y, en su mirada, encontrar el aliento y la esperanza. Podrán saber que la desgracia no durará mil años, que el llanto y la tristeza serán un día recuerdos del pasado y que en su lugar habrá cantos y alegría. El rey que murió en la cruz cambió el curso de la historia para siempre. La maldición dejó su sitio a la bendición porque Él es “el alfa y la omega”, “el que es y era y ha de venir” (Ap 1,8).

ORACIÓN

            Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Amén.
 

Expliquemos el Evangelio a los niños












 
Imágenes proporcionadas por Catholic.net

 
 

 

           

 

           

viernes, 9 de noviembre de 2012

18 DE NOVIEMBRE: DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)



“…cuándo veáis vosotros suceder esto,

sabed que él está cerca, a la puerta”

18 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Daniel 12,1-3

Salmo 15: “Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti”.

2ª Lectura: Hebreos 10,11-14.18

PALABRA DEL DÍA

Marcos 13,24-32

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la `puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.
 
Versión para Latinoamérica extraída de la biblia del Pueblo de Dios

“En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los austros se conmoverán. Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro extremo del horizonte. Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre”.

REFLEXIÓN

            Se acerca el Adviento, un buen tiempo para la reflexión y más profundamente por ser éste “EL ADVIENTO DEL AÑO DE LA FE”. ¿Estamos preparados para la última venida del Señor? ¿Son éstos los signos que la preceden? Sé que muchos dirán que ya esto se ha vivido y se vive de una u otra forma: hambre, guerras, condiciones climáticas extremas que dejan miles de familias sin nada, terremotos y esta crisis tremenda que sufrimos con la secuela de paro, los desahucios, la desesperanza e impotencia en muchos hermanos y hermanas nuestros, en muchas familias y en muchos jóvenes…, solo Dios sabe si vendrá en la siguiente pascua y entonces ya, nada de esto nos preocupará, pero ¿cómo vivimos nuestra vida de fe? ¿Deseamos que el sol se haga tinieblas definitivamente, que la luna deje de resplandecer, y venga el Hijo del hombre y de fin a esta angustia? Tengamos en cuenta que en ese momento le precederán los ángeles reuniendo a “los elegidos”, entonces ¿qué es lo importante? ¿qué venga de nuevo el Señor o que estemos entre sus elegidos?, lo primero no sabemos cuándo, lo segundo sí  ¿cuándo? Todos los días, estar entre sus elegidos, y ahí nuestra tranquilidad, fuera estrés, sentirse diariamente entre los elegidos, es la salvación, es la salud, es el ánimo, disfrutar el momento.
 
            “Gran angustia”, estos días escuchamos muchas voces que pretenden convencernos de que saldremos de la crisis o de que no saldremos nunca, pero ante tanto vocerío, solo nos falta dos cosas, cambiar la palabra “desgracia” por “angustia” y la expresión “tus fuerzas” por “Dios”. “Salir de la angustia, del sufrimiento, con la ayuda de Dios”, no es lo mismo que “considerar este u otro acontecimiento contrario como una desgracia de la que tenemos que salir por nuestras propias fuerzas”. Miremos los “brotes verdes”, ¿brotes verdes? Ya me dirán por dónde. ¿Cuál es la higuera… Qué venga de nuevo los tiempos felices de la bonanza económica que fueron los que nos han traído al momento en el que estamos? por ahora el único brote verde es la esperanza de que esto pasará, seguro que pasará, de eso no hay duda. O para no volver nunca más, última generación, última crisis o para iniciar otro periodo más de vida en la tierra, otra oportunidad de trabajar por estar entre los elegidos, y ¿por qué no? Desarrollando todos los talentos que dios nos concede, en los que serán nuevos tiempos, con la experiencia de haber sufrido profundamente, en beneficio de nuestra madurez intelectual, espiritual, humana, afectiva, habiendo desarrollado una serie de habilidades que teníamos dormidas.
Sólo el Padre sabe el día y la hora, no escuchemos a los falsos profetas dirá la escritura, solo la Palabra de Dios proclamada en la Iglesia  tiene el poder de quitarle el sello y derramarla entre quienes la escuchen.
Que el Evangelio de este Domingo, sea una luz optimista, y nos conceda el espíritu que nos haga ver a Jesús, precedido de todos sus ángeles, a la puerta de un nuevo día.

ENTRA EN TU INTERIOR

            ¿Tenemos nosotros también estas mismas convicciones, una esperanza abierta en que, al final y a pesar de todo, Jesús, el Cristo, restablecerá lo encorvado y marginado, lo maltratado y perseguido…y reinará la Justicia, la Paz y la Verdad?. Eso parece recordarnos José Antonio Pagola…
            Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumplirían su deseo de encontrarse con él para siempre?
            Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el Día Final tan esperado, ¿qué podían pensar?
            El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.
            Primera convicción. La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin. El “sol” que señala la sucesión de los años se apagará. La “luna” que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, “las estrellas caerán del cielo”, la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.
            Segunda convicción. Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: “verán venir al Hijo del Hombre”. El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.
            Tercera convicción. Jesús traerá consigo la salvación de Dios. Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a “reunir a sus elegidos”, los que esperan con fe su salvación.
            Cuarta convicción. Las palabras de Jesús “no pasarán”. No perderán su fuerza salvadora. Han de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.

José Antonio Pagola

ORA EN TU INTERIOR

LA IGLESIA CONTRIBUYE A CREAR UNA SOCIEDAD MEJOR

         Este domingo, anterior a la solemnidad de Cristo Rey del Universo, último domingo del año litúrgico, celebra la Iglesia en España, el Día de la Iglesia Diocesana. La diócesis es una porción del Pueblo de Dios del que Cristo es la cabeza, cuya condición es la libertad y dignidad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu santo. Tiene por ley el mandamiento nuevo del amor, y como fin el dilatar más y más el reino de Dios. De este Pueblo se sirve Cristo como de instrumento de la redención universal, y lo envía a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra
            En este Pueblo, el Espíritu Santo derrama, con abundancia y gratuidad, todos sus dones y carismas, que se posan y reparten, como Él quiere, sobre la comunidad de los que han sido configurados con Cristo en el bautismo, unción y dignidad ontológica mayor, y en la que cada uno, con el don que ha recibido, se hace siervo por amor de los demás, a imitación del único Maestro y Señor, que no vino a ser servido, sino a servir, y dar su vida por todos, con una preferencia entrañable hacia los pobres y pecadores.

 
            Un solo cuerpo y un solo Espíritu, una misma esperanza, un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios Padre de todo y de todos. Esa es la Iglesia de todos los tiempos. Se nos invita en esta jornada a sentirnos Iglesia corresponsable en la extensión del Reino de Dios en nuestro mundo, sensibles a las grandes causas de la humanidad, de las que nos sentimos solidarios. Se nos pide también que ayudemos a realizar esta vocación con una aportación económica generosa. Todas estas inquietudes llenan nuestra oración y la patena de nuestras ofrendas.
 


ORACIÓN

Por tu amor y tu bautismo,
soy hijo tuyo, Señor,
y puedo llamarte “Padre”.
Por tu amor y mi bautismo,
soy miembro vivo, Señor,
de la Iglesia de tu Hijo,
y puedo llamarle hermano.
Por tu amor y tu bautismo,
comparto Espíritu y dones,
con todos los bautizados.
Para adelantar tu reino
y anunciar el evangelio
a todos los hombres, a todos los pueblos.
Por tu amor y mi bautismo,
¡gracias te canto, Señor!

 

Expliquemos el evangelio a los niños

(Imágenes proporcionadas por Catholic net)

 
 
 

           

           

           

           

 







 

lunes, 5 de noviembre de 2012

11 DE NOVIEMBRE: DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)




“-Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie…”

11 DE NOVIEMBRE

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO (B)

1ª Lectura: Libro de los Reyes 17,10-16

Salmo 145: Alaba, alma mía, al Señor.

2ª Lectura: Hebreos 9,24-28

PALABRA DEL DÍA

Marcos 12,38-44

“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencia en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”.

Versión para Latinoamérica extraída de la Biblia del Pueblo de Dios

Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas
y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes;
que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad".
Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.
Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros,
porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir".
 

REFLEXIÓN

            Un maestro de la Ley, lo veíamos el domingo pasado, era alguien que buscaba, pero como sabemos también muy bien nosotros, no siempre lo que se busca es la búsqueda de la verdad, sino que -a veces- se puede caer en la búsqueda cerrada de uno mismo, o del beneficio propio, o del aplauso de los demás. Y Jesús aún es más duro y dice que incluso se corre el peligro de abusar de los demás. Con personas de esta especie, dice, hay que ser muy exigente y muy riguroso en el juicio.
            Todos estos, que tan bien retrata Jesús, son los que hacen exteriormente muy buenas acciones, pero esconden muy mala intención en su interior. Porque si, por un lado, aparentan una cosa, también es cierto que, por otro lado, en el fondo, buscan otra muy diferente. Aunque, aparentemente, ellos se presentan –dignamente- como representantes de Dios, de hecho, se consideran más importantes que el Dios al que representan, y sus propios criterios son antepuestos a Dios.
            La ostentación de los maestros de la Ley, a la que se refiere Jesús, contrasta mucho hoy con la austeridad y la generosidad de la viuda que, ciertamente, en una sociedad en la que las mujeres eran valoradas en función de la categoría de sus maridos, como viuda era, por lo tanto, absolutamente pobre. Jesús nos hace notar hoy, con toda claridad, que lo más importante no es el valor cuantitativo de su ofrenda o de nuestros esfuerzos y trabajos, sino que el gran valor es su intención, y, por tanto, nuestros propósitos. De hecho, la viuda, que, aparentemente da tan poca cosa, pone a Dios antes que sus propias necesidades más básicas y que su comida, necesarias para vivir.
            Son las intenciones que hacen diferentes a los maestros de la Ley y a la viuda. Y también son las intenciones las que pueden convertir nuestras acciones en las cosas más banales o en las más determinantes y fundamentales. Nuestras acciones, externamente, son muy difíciles de ser valoradas o juzgadas, pero internamente sí que son importantes para dejar claro si las hacemos como una cosa por Dios o en beneficio propio.
 
 

ENTRA EN TU INTERIOR

NEUROSIS DE POSESION

Una de las aportaciones más valiosas de la fe cristiana al hombre contemporáneo es, quizás, la de ayudarle a vivir con un sentido más humano en medio de una sociedad enferma de “neurosis de posesión”.
 
El modelo de sociedad y de convivencia que configura nuestro vivir diario está basado no en lo que cada hombre es, sino en lo que cada hombre tiene. Lo importante es «tener» dinero, prestigio, poder, autoridad... El que posee esto, sale adelante y triunfa en la vida. El que no logra algo de esto, queda descalificado.

Desde los primeros años, al niño se le «educa» más para tener que para ser. Lo que interesa es que se capacite para que el día de mañana «tenga» una posición, unos ingresos, un nombre, una seguridad.

Así, casi inconscientemente, preparamos a las nuevas generaciones para la competencia y la rivalidad.

             Vivimos en un modelo de sociedad que fácilmente empobrece a las personas. La demanda de afecto, ternura y amistad que late en todo hombre es atendida con objetos. La comunicación humana queda sustituida por la posesión de cosas.

Los hombres se acostumbran a valorarse a sí mismos por lo que poseen o lo que son capaces de llegar a poseer. Y, de esta manera, corren el riesgo de irse incapacitando para el amor, la ternura, el servicio generoso, la ayuda amistosa, el sentido gratuito de la vida. Esta sociedad no ayuda a crecer en amistad, solidaridad y preocupación por los derechos del otro.

Por eso, cobra especial relieve en nuestros días la invitación del evangelio a valorar al hombre desde su capacidad de servicio y solidaridad.

La grandeza de una vida se mide en último término no por los conocimientos que uno posee, ni por los bienes que ha conseguido acumular, ni por el éxito social que ha podido alcanzar, sino por la capacidad de servir y ayudar a los otros a ser más humanos.

El hombre más poderoso, más sabio y más rico, queda descalificado como hombre si no es capaz de hacer algo gratis por los demás.

Cuántas gentes humildes, como la viuda del evangelio, aportan más a la humanización de nuestra sociedad con su vida sencilla de solidaridad y ayuda generosa a los necesitados, que tantos protagonistas de nuestra vida social, económica y política, hábiles defensores de sus intereses, su protagonismo y su posición.

 

José Antonio Pagola
 

ORA EN TU INTERIOR

            Si seguimos la lección de Jesús en el evangelio de hoy, tendríamos que procurar que el hecho de dar, como hizo la viuda del templo, se nos convierta ya en un gesto tan necesario para poder vivir, como lo es también el alimento que tomamos cada día. En nuestra vida no se trata de que vayamos dando pequeñas limosnas de vez en cuando, o que nos desprendamos dignamente de aquello que nos sobre, sino que, sin reservas, Jesús nos invita a dar todo lo que tenemos. Es dar la vida y es darse uno mismo.

            La pregunta interior, que muy a menudo nos hacemos, es: Pero si yo lo doy todo, ¿qué me quedará? Está claro, es aquí donde se juega nuestra confianza en Dios. De hecho, nosotros podríamos dar todo lo que ganamos, podríamos dar todo el pan que ganamos con nuestro propio esfuerzo, si creemos, como después diremos en el Padrenuestro, que Dios, como contrapartida a nuestra confianza, nos dará el pan de cada día.

            Como esta viuda del evangelio, nosotros estamos llamados a dar testimonio discretamente de nuestra fe más profunda. Que tengamos que hacerlo no quiere decir que tenga que ser de un modo ostentoso, como los maestros de la Ley. Como tampoco, el hecho de que lo tengamos que hacer discretamente, quiere decir que no lo tengamos que hacer. La eucaristía que celebramos simplemente nos recuerda que nuestra fe se juega en nuestro interior.
 

ORACIÓN

CÁNTICO OTOÑAL
(Federico García Lorca)
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.
 
 
EXPLIQUEMOS EL EVANGELIO A LOS NIÑOS
 
(Imagénes proporcionadas por Catholic net)