miércoles, 8 de mayo de 2013

VII DOMINGO DE PASCUA: ASCENSIÓN DEL SEÑOR







“… en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén”.

12 de Mayo
 
VII DOMINGO DE PASCUA
 
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
 
(JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES)
 
1ª Lectura: Hechos 1,4.8-11
 
Salmo 46: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
 
2ª Lectura: Efesios 1,17-23
PALABRA DEL DÍA
 
Lc 24,46-53
 
“Dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Y vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”. Después los sacó hacia Betania, y levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos (subiendo hacia el cielo). Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.
 
Versión para Latinoamérica extraída de la Biblia del Pueblo de Dios
 

“Les dijo: «Todo esto estaba escrito: los padecimientos del Mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día.

Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan.
Ustedes son testigos de todo esto.
Ahora yo voy a enviar sobre ustedes lo que mi Padre prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba.»
Jesús los llevó hasta cerca de Betania y, levantando las manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos (y fue llevado al cielo.
Ellos se postraron ante él.) Después volvieron llenos de gozo a Jerusalén,
y continuamente estaban en el Templo alabando a Dios”.



REFLEXIÓN
 
                No tenemos más remedio, en lugar de quedarnos en la periferia de esta solemnidad de la Ascensión del Señor, que ahondar en su relación con la Iglesia, su comunidad, su cuerpo viviente.
            Desde esta perspectiva, la Ascensión subraya una especial particularidad del tiempo de la Iglesia: Jesús está visiblemente ausente, pero invisiblemente presente como Señor y Cabeza de la comunidad, tal como subraya Pablo en la segunda lectura.
 
                Si, hasta la resurrección, el peso de la responsabilidad liberadora estuvo sobre los hombros de Jesús, ahora pasa a su comunidad, a sus discípulos, que deben “proclamar el evangelio por todas partes”, como testigos de Jesús “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.
 
            Teniendo en cuenta las tres lecturas de hoy, podemos descubrir que este tiempo de la Iglesia que se abre a partir de la ascensión, tiene tres características importantes:
 
-          Primera: Tiempo del señorío de Cristo, cabeza de la comunidad.
 
           Esta idea es expresada con aquella frase que pasó al credo: “Está sentado a la derecha de Dios”, que Pablo interpreta como un real señorío sobre el mundo presente y futuro, señorío que es efectivo en la Iglesia, que lo reconoce como su cabeza.
 
-          Segunda: Tiempo del Espíritu Santo.
 
          Antes de ascender, Jesús ordena a los suyos que se congreguen en Jerusalén para recibir la promesa del Padre, el don del Espíritu Santo.
 
          El Espíritu Santo es la vida y la fuerza de la comunidad cristiana, tal como lo celebramos el próximo domingo, fiesta de Pentecostés.
 
          A partir de la ascensión, toda la comunidad cristiana ha de tomar conciencia de que no puede ser de Cristo si no se entrega al Espíritu. Sin esta obediencia al Espíritu, la Iglesia no será más que una sociedad anónima o una multinacional, esclava del dinero y del poder.
 
-          Tercera: Tiempo de la responsabilidad evangelizadora.
 
        Los cristianos no podemos quedarnos “ahí mirando al cielo”. La ascensión marca el instante en que somos enviados como mensajeros del Reino, de la misma forma que Jesús fue el mensajero por excelencia de ese Reino.
 
      Hoy Jesús nos hace participar de su misión, de su mismo Proyecto. En la Ascensión toma cuerpo el Proyecto Cristiano.
 
      Es así, como una fiesta, que parece en un primer momento no tener importancia, de pronto se nos aparece como esencial para cuestionar la misma razón de ser de los cristianos en el mundo. Desde la Ascensión podemos ahora revisar cuanto hacemos como cristianos, cuanto hace la Iglesia; cuanto se piensa, se dice y se hace.
 
 
ENTRA EN TU INTERIOR
 
         Los evangelios nos ofrecen diversas claves para entender cómo comenzaron su andadura histórica las primeras comunidades cristianas sin la presencia de Jesús al frente de sus seguidores. Tal vez, no fue todo tan sencillo como a veces lo imaginamos. ¿Cómo entendieron y vivieron su relación con él, una vez desaparecido de la tierra?
 
        Mateo no dice una palabra de su ascensión al cielo. Termina su evangelio con una escena de despedida en una montaña de Galilea en la que Jesús les hace esta solemne promesa: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Los discípulos no han de sentir su ausencia. Jesús estará siempre con ellos. Pero ¿cómo?
 
      Lucas ofrece una visión diferente. En la escena final de su evangelio, Jesús “se separa de ellos subiendo hacia el cielo”. Los discípulos tienen que aceptar con todo realismo la separación: Jesús vive ya en el misterio de Dios. Pero sube al Padre “bendiciendo” a los suyos. Sus seguidores
comienzan su andadura protegidos por aquella bendición con la que Jesús curaba a los enfermos, perdonaba a los pecadores y acariciaba a los pequeños.
 
      El evangelista Juan pone en boca de Jesús unas palabras que proponen otra clave. Al despedirse de los suyos, Jesús les dice: “Yo me voy al Padre y vosotros estáis tristes… sin embargo, os conviene que yo me vaya para que recibáis el Espíritu Santo”. La tristeza de los discípulos es explicable. Desean la seguridad que les da tener a Jesús siempre junto a ellos. Es la tentación de vivir de manera infantil bajo la protección del Maestro.
 
         La respuesta de Jesús muestra una sabia pedagogía. Su ausencia hará crecer la madurez de sus seguidores. Les deja la impronta de su Espíritu. Será él quien, en su ausencia, promoverá el crecimiento responsable y adulto de los suyos. Es bueno recordarlo en unos tiempos en que parece crecer entre nosotros el miedo a la creatividad, la tentación del inmovilismo o la nostalgia por un cristianismo pensado para otros tiempos y otra cultura.
 
        Los cristianos hemos caído más de una vez a lo largo de la historia en la tentación de vivir el seguimiento a Jesús de manera infantil. La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la presencia histórica de Jesús, vivimos “el tiempo del Espíritu”, tiempo de creatividad y de crecimiento responsable. Nos da luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos para reproducir hoy su actuación. Así nos conduce hacia la verdad completa de Jesús.
 
José Antonio Pagola
 

ORA EN TU INTERIOR
 
            Hasta salimos ganando, con la Ascensión de Jesús:
-          Porque está más dentro de nosotros, en la mayor intimidad.
-          Porque puede estar con todos nosotros, sin limitación de espacio.
-          Porque puede estar siempre con nosotros, sin limitación de tiempo.

-          Porque está con nosotros en su Espíritu, la presencia más lograda y más rica. Es una presencia divina que acompaña y transforma. Es como si el mismo Cristo viviera en nosotros, hasta convertirnos en otros Cristos. Presencia dinámica y transformadora.
-          Porque está con nosotros en el pan que se parte y se comparte y en los sacramentos, presencia real, que acompaña, consuela, fortalece y alimenta.
 
-          Porque está con nosotros en los hermanos, en los que le recuerdan y le aman, en los que le comulgan, en los que se unen, en los que se comprometen.

-   
       Porque está con nosotros en los pobres y en los que sufren, presencia ardiente, llagas dolorosas del cuerpo del señor…
 
ORACIÓN
 
                Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, nos dé espíritu de sabiduría para conocerlo, e ilumine nuestros ojos para que comprendamos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados y cuál la fuerza que desplegó en Jesucristo resucitándolo de la muerte y constituyéndolo Señor de todo lo creado y Cabeza de la Iglesia. Amén.
 
Expliquemos el Evangelio a los niños
Imágenes proporcionadas por Catholic.Net
 

 


SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA

“No os dejaré huérfanos: os enviaré el Espíritu”. El discurso de despedida de Jesús, que leemos en este tiempo de la Ascensión, se hace oración. Antes de dejar a los suyos, Jesús invoca al Padre por aquellos que ha recibido de su mano. 
            Recibirán el Espíritu. La Iglesia va a recibir su constitución: no ya un código de mandamiento, sino una ley interior incesantemente reescrita y puesta al día por el Espíritu. De edad en edad, la Iglesia nacerá del Espíritu y será llamada a reencontrar la fuente de su existencia. Vivirá del Espíritu, abandonándose a la pasión de amar que la abrasa.
            Los discípulos van a recibir el Espíritu. De siglo, la Iglesia será la caja de resonancia de la Buena Nueva sobre el escenario del mundo; prefigurará la unión de todas las cosas en el amor al Padre.
            “¡No os dejaré huérfanos!”. El Espíritu, que hace a la Iglesia, es el don pascual del Señor Jesús. Por tanto, no vamos a celebrar Pentecostés como algo distinto a la Pascua, sino, más bien, como la eclosión de lo que Jesús ha sembrado venciendo a la muerte. Los cincuenta días del tiempo de Pascua no habrán sido demasiados para acoger al Espíritu de Cristo, vivo para siempre.
            En este sentido, somos invitados también a hacer un retiro en el cenáculo esta semana, con María, la madre de Jesús, y los apóstoles, para pedir la efusión del Espíritu. En el curso, a menudo monótono, del tiempo, la celebración litúrgica permite que irrumpan los tiempos de Dios, para que se renueve el gran don pascual. Pedir con insistencia el don del Espíritu durante esta semana que precede a la fiesta de Pentecostés tiene, pues, mucho asentido; repetir incansablemente: “Ven, espíritu Santo”, es profesar en la fe que ciertamente vendrá (nuestra oración no es un grito insensato), pero que su venida depende necesariamente de nuestra petición y de nuestra sumisión a él.
            En el Cenáculo estaba presente María. Discretamente. Está con la Iglesia para siempre, como icono de acogida y de fecundidad. En ella, la Palabra se ha hecho carne por el Espíritu, pues “nada es imposible para Dios”: también en la Iglesia la Palabra se hará carne de los hombres, por la fuerza del Espíritu.

LUNES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

13 DE MAYO

·         Hechos 19,1-8

“Él os bautizará con Espíritu Santo y con fuego” Durante su estancia en Éfeso, Pablo se encuentre con algunos discípulos a quienes pregunta si han recibido el Espíritu Santo. Y ellos muestran su extrañeza, han recibido el bautismo de Juan, sí, pero no han oído hablar del acontecimiento de Pentecostés.
¿Quiénes son? Probablemente, discípulos del bautista, como Apolo. Han conocido a Jesús de Nazaret, pero no le han seguido en su Pascua y, como los discípulos de Emaús, están perdidos por el camino, no habiendo percibido el alcance profundo de lo sucedido en Jerusalén. Pablo les abre los ojos. Les anuncia a Jesucristo muerto y resucitado y les da el bautismo cristiano. Quedan iluminados. Es como un nuevo Pentecostés: reciben el Espíritu, hablan en lenguas y profetizan.

·         Salmo 67: “Reyes de la tierra, cantad a Dios”.

El salmo 67 es difícilmente clasificable. Está compuesto de antiguos poemas que evocan el poder y la gloria divinos, en los que se arraiga la esperanza de los creyentes.

 

PALABRA DEL DÍA

Juan 16,29-33

“Dijeron los discípulos a Jesús: “Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios”. Les contestó Jesús: “¿ahora creéis? Pues mirad; está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas, pero tened valor; yo he vencido al mundo”.

REFLEXIÓN

Si queremos definir a ese gran desconocido que es el Espíritu, con una expresión actual y bíblica, vital y única, tendremos que decir: es el don de Cristo resucitado a la Iglesia, que es su cuerpo; es el Espíritu de Jesús mismo en nosotros; en el “nosotros” trinitario y la conciencia eclesial; ese amor que Dios nos tiene, difundido en nuestros corazones; es nuestra nueva dimensión personal y comunitaria de discípulos de Jesús, cristianos, hijos de Dios y hermanos de los hombres.
En nuestros días asistimos con gozo al redescubrimiento del Espíritu en la Iglesia, que pone de relieve el protagonismo decisivo del Espíritu en la renovación interna del pueblo de Dios y en su misión evangelizadora del mundo. Los carismas y la llama de pentecostés no se han apagado y son perceptibles en los constantes movimientos que de uno y otro signo vivifican a la Iglesia, tales como comunidades que están redescubriendo su bautismo con una nueva evangelización, comunidades carismáticas, cursillos de cristiandad, equipos matrimoniales, grupos de oración, hermandades, y otros grupos apostólicos que se esfuerzan y trabajan por hacer una Iglesia cada vez más viva y visible por el testimonio de vida.

MARTES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

14 DE MAYO

 

FIESTA DE SAN MATÍAS, APÓSTOL

·         Hechos 1,15-17.20-26

·         Salmo 112,1-8: El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo.

PALABRA DEL DÍA

Juan 15,9-17

“Dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor: lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo de. Esto os mando: que os améis unos a otros”.

REFLEXIÓN

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen con una intensidad especial algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos, para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.
«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata sólo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.
Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Éste es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Sólo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.
Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.
Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.
A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

MIÉRCOLES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

15 DE MAYO

·         Hechos 20,28-38

Antes de morir, Jesús había confiado el rebaño a Pedro, y el colegio de los doce se había organizado para dar testimonio. Habían completado su número con Matías y se habían liberado para la oración y el servicio de la Palabra.
Pablo va a desaparecer a su vez, y van acumulándose nubes sobre la Iglesia. Falsos apóstoles se han infiltrado como lobos entre los cristianos; la herejía se ha apoderado ya del mensaje para transformarlo. Sin embargo, hay hombres que prosiguen la obra comenzada, pastores que actúan bajo la acción del espíritu. Pablo, que ha llevado la preocupación de todas las Iglesias, les confía la Iglesia que Cristo ha adquirido con su propia sangre, Ellas serán, a su vez, quienes sirvan a la “palabra de gracia que tiene el poder de construir el edificio”.
Después de estas recomendaciones, Pablo cae de rodillas y ora. Como para Jesús en Getsemaní, es la hora de la tristeza, la hora del Príncipe de las tinieblas.

·         Salmo 67: Reyes de ka tierra, cantad a Dios.

 

PALABRA DEL DÍA

Juan 17,11-19

“Jesús levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: “Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad”.

REFLEXIÓN

“Padre Santo, guárdalos”. Cristo ha vuelto al Padre, pero los discípulos están en el mundo. Jesús se consagra y da su vida por ellos. Pero al final de su ofrenda está la aceptación del Padre y el don del Espíritu.
El Espíritu consagra a los discípulos en la verdad; les restablece allí donde se encuentran los verdaderos valores. Estando en el mundo, los cristianos ya no son del mundo. Ya no obedecen a sus seducciones, porque gozan de la luz que les descubre los secretos de Dios.
No son del mundo, pero son enviados al mundo. Como Jesús dio testimonio del amor del Padre, ellos proclaman la Buena Noticia de la salvación. El Espíritu confirma su palabra como confirmó la predicación de Jesús. Sin embargo, el discípulo no es más que su maestro. Porque están unidos a Jesús., los creyentes compartirán lo que el odio del mundo suscita contra él.
“Padre santo”… En el momento de dejar este mundo, Jesús ora por los que ha elegido. Oración emocionada que tiene el gusto de la tierra: es una oración por el mundo; oración admirable con sabor a eternidad: es la oración del mundo que se vuelve hacia Dios. 

JUEVES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

16 DE MAYO

·         Hechos 22,30;23,6-11

·         Salmo 15: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

PALABRA DEL DÍA

Juan 17,20-26

“Jesús levantando los ojos al cielo, oró diciendo: “Padre Santo, no solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, ese es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy, y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu Nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos”.

VIERNES DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

17 DE MAYO

·         Hechos 25,13-21

El proceso de Pablo se prolonga, pero, al igual que la Ley, el derecho romano, a pesar de su imparcialidad, poco puede hacer por el apóstol de Cristo. Claudio, Félix, Festo y Agripa reconocen la inocencia de Pablo, pero deben inclinarse ante su apelación a la jurisdicción imperial. Para evitar ser juzgado ante una jurisdicción judía. Pablo apela al Emperador.

·         Salmo 102: “El Señor puso en el cielo su trono”.

 

PALABRA DEL DÍA

Juan 21,15-19

“Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”. Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “apacienta mis corderos”. Por segunda vez le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Él le contesta: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Él le dice: “Pastorea mis ovejas2”. Por tercera veza le pregunta: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas”. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas a donde querías, pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”.

REFLEXIÓN

En la triple insistencia de Jesús en el amor de Pedro, le está diciendo que su primado, será un primado de amor. El evangelio contiene dos partes. En la primera de ellas Jesús confiere al apóstol Pedro una investidura pastoral preeminente, y en la segunda le preanuncia su destino martirial. Subyace en este evangelio la tradición neotestamentaria de una aparición del Señor resucitado a Simón Pedro, y vemos también afinidad con el pasaje del primado según Mt 16,18s.

SÁBADO DE LA 7ª SEMANA DE PASCUA

18 DE MAYO

·         Hechos 28,16-20.30.31

Pablo está en Roma, y allí se quedará dos años en régimen de libertad vigilada. Como ha hecho siempre, el apóstol se dirige en primer lugar a los judíos y les habla de la esperanza de Israel, es decir, de la resurrección de los muertos, anticipada en la de Jesús. Los judíos se dividen una vez más.
Con la etapa de Roma finaliza la proclamación del evangelio a los judíos. Desde ahora se traza una nueva perspectiva: el tiempo de las naciones. Ahí se encuentra, en definitiva, el verdadero juicio, la palabra de gracia del Resucitado, que, a través de Israel, viene al encuentro de todos los pueblos.

·         Salmo 10: “Los buenos verán tu rostro, Señor”.

PALABRA DEL DÍA

Juan 21,20-25

“Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quién Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el que te va a entregar?” Al verlo, Pedro dice a Jesús: “Señor, y este ¿qué?” Jesús le contesta: “Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme. Entonces empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: “si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?. Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo”.

REFLEXIÓN

Concluimos la lectura continua que durante estas siete semanas del tiempo pascual hemos venido haciendo del libro de los Hechos de los apóstoles como primera lectura, y del evangelio según san Juan como segunda. Los Hechos nos han mostrado la apasionante historia de los primeros pasos de la Iglesia y el anuncio misionero de los apóstoles bajo la guía del Espíritu Santo desde el día de Pentecostés, en cuya víspera estamos. A su vez, el evangelio de Juan nos ha transmitido el testimonio del discípulo amado de Jesús sobre el misterio y mensaje de la Palabra de Dios hecha carne. “Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario